El ambiente del Palau y la revancha madridista

La participación europea de Madrid y Barcelona en 1988

Como ya vimos en la final de Copa, el Barcelona y el Real Madrid tuvieron en la temporada 1987-88 un nivel bastante parejo que les llevó a enfrentarse en las dos finales nacionales, ambas resueltas para los azulgranas por pequeños detalles. Sin embargo, la temporada europea fue bastante más satisfactoria para los blancos. Si bien la Copa Korac podía parecer una competición menor para ellos, acostumbrados hasta entonces a estar casi siempre en la Copa de Europa, había un par de alicientes que le conferían cierto atractivo.

El Barcelona, por su parte, afrontaba con ilusión su participación en la máxima competición continental, a la que entonces sólo se accedía ganando la liga nacional, como ya vimos. Su gran temporada anterior y el fichaje de Audie Norris le hacían concebir esperanzas de ser uno de los aspirantes a levantar el trofeo final. En los años anteriores los azulgranas habían ido creciendo poco a poco, con triunfos primero en España y más tarde con tres títulos europeos consecutivos (dos Recopas y una Copa Korac), lo que había llenado de orgullo y confianza a los aficionados culés. Todo ello creó un ambiente especial en los partidos de Copa de Europa celebrados en el Palau Blaugrana en esa temporada y las siguientes, parecido al que había en los duelos contra el Madrid.

Pero aquella temporada la competición europea no fue bien para el Barça: comenzó la liguilla de cuartos con algunas derrotas inesperadas, como ante la cenicienta del grupo, los holandeses del Den Bosch, y perdió varios partidos igualados que le fueron descolgando de las primeras posiciones.

Aquí tenéis uno de esos partidos, el disputado en el Palau contra el Aris de Salonica. Los griegos, con Gallis y Yannakis plenos de confianza tras el triunfo de la selección en el Eurobasket unos meses antes, accedieron a la liguilla final, en la que no habían estado en los años anteriores, y se convirtieron en uno de los equipos más difíciles de batir, no sólo en su temida cancha sino también en pistas como la de Barcelona:

Después de muchos años en los que sólo los dos primeros de la liguilla disputaban la final, ese año se instauró la Final Four. Pese a ello, el Barcelona no fue capaz de quedar entre los cuatro primeros y no se clasificó para el evento, lo que supuso una gran decepción para ellos. Sí llegó a las semifinales el Aris, y también la gran sensación de la temporada: el Partizan de Belgrado, que combinaba la veteranía de Obradovic o el gran anotador Grbovic con la juventud de Divac, Paspalj y Djordjevic. Sin embargo, la final la disputaron los mismos equipos que la temporada anterior: el Maccabi de Tel Aviv y el Tracer de Milán, que volvió a imponerse a pesar de (o seguramente gracias a) la enorme cantidad de años que acumulaban los D’Antoni, Premier, Meneghin o McAdoo (en el canal jugarenequipo podéis ver la final).

En cuanto al Madrid, ya hemos dicho que no afrontaba la Copa Korac como una competición menor: por una parte, suponía la oportunidad para el club (y para su entrenador, Lolo Sáinz) de poner en sus vitrinas el único título que les faltaba. Por otra parte, el otro gran aspirante era un viejo conocido: la Cibona de Zagreb de Drazen Petrovic, que tanto dolor les había provocado en sus enfrentamientos en la Copa de Europa de 1985 y 1986. Pese a que no se trataba de la máxima competición, era una oportunidad de sacarse una espinita contra su viejo enemigo. Aunque ya era conocido que Petrovic jugaría al año siguiente con los blancos, conociendo al croata todos teníamos claro que iba a querer despedirse de Zagreb venciendo una vez más al Real Madrid.

Efectivamente, ambos aspirantes alcanzaron sin grandes dificultades una final que se disputaba en formato de ida y vuelta. En el primer partido (que no ofreció TVE, pero que podéis ver aquí retransmitido por la televisión de Galicia y subido por el canal 7EnergyBasket7), Petrovic estuvo discreto y el gran partido de Fernando Romay permitió a los blancos alcanzar una renta de 13 puntos. El de vuelta se presentaba emocionante, como así fue.

El encuento disputado en Zagreb fue un partidazo digno de una final de Copa de Europa más que de la tercera competición continental. Aunque han pasado muchos años, no os cuento mucho por si queréis verlo. Sólo os adelanto que Petrovic salió decidido a enmendar su discreta actuación de la ida y realizó un gran partido y que en el Madrid, con la baja de los dos hermanos Martín, Lolo Sáinz dejó atrás su vieja costumbre de jugar con los titulares hasta la extenuación y varios jugadores tuvieron una gran actuación. Entre ellos, Del Corral, Corbalán, e Iturriaga, que al finalizar la temporada abandonarían el equipo, demostraron los galones que aún conservaban en su última temporada de blanco.

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