El último triunfo soviético

La medalla de oro de la URSS en Seúl 1988

Los Juegos Olímpicos de Seúl supusieron un punto de inflexión en la historia del baloncesto mundial.Fue el último triunfo de la Unión Soviética antes de empezar a desmembrarse y  dejar de participar como tal en 1992, dejando atrás un palmarés de 9 medallas olímpicas (2 oros), 8 en campeonatos del mundo (3 oros) y 21 en campeonatos de Europa (14 oros). También fue la primera vez que Estados Unidos admitió una derrota en los Juegos Olímpicos (nunca aceptó la de Munich 72, envuelta en una enorme polémica), lo que acabó provocando que los norteamericanos empezasen a incluir a los jugadores de la NBA en sus selecciones. Por último, en Seúl se asomó a la final, casi pasando inadvertida, la selección que a partir del año siguiente iba a convertirse en una de las mejores de la historia.

La URSS se presentaba en el torneo olímpico con un gran equipo, toda vez que pudo juntar en sus filas al que fue el gran descubrimiento para muchos en el Eurobasket anterior, Sarunas Marciulionis, y a su gran estrella, Arvydas Sabonis, ausente un año antes y que llegó a la cita tras 18 meses de inactividad por sus lesiones en el tendón de Aquiles. Completaban el equipo muchos centímetros en los pívots, aleros muy altos para la época como Volkov y Tikhonenko y tiradores excelsos como Tarakanov, Kurtinaitis y Homicius. Tras empezar el campeonato con una derrota ante Yugoslavia y ganando sin grandes exhibiciones a Puerto Rico, Australia y la República Centroafricana, tuvo que sufrir para imponerse en cuartos de final a Brasil por 110-105. Sabonis estaba notando el haber pasado tantos meses parado y no se encontraba a gusto… hasta que llegó la semifinal.

Estados Unidos, por su parte, había arrollado en la primera fase a España, China y Egipto, pero pasó bastantes problemas para derrotar a Brasil por 15 puntos y, sobre todo, a Canadá por 76-70. Sus grandes estrellas universitarias, David Robinson y Danny Manning, estaban recibiendo bastantes críticas y otros jugadores como Majerle, más desconocidos, estaban rindiendo bastante mejor. No obstante, en cuartos se deshicieron con facilidad de Puerto Rico y llegaron confiados a la semifinal contra la URSS.

El mal estado físico de Sabonis no hacía presagiar que pudiera imponerse al poderío físico de David Robinson y a la capacidad atlética del equipo estadounidense. Incluso el lituano empezó el partido renqueante y recibiendo algún tapón que otro del “Almirante”. Pero pasados los primeros diez minutos, los americanos se vinieron abajo y Sabonis, al que habían recuperado los servicios médicos de Portland Trail Blazers, empezó a recibir asistencias de Marciulionis y a imponer su calidad bajo los aros. Los tiradores soviéticos y el desorden del juego americano hicieron el resto.

En la final, los soviéticos se iban a encontrar con Yugoslavia, su gran rival de los últimos años, rivalidad que se hizo patente más de una vez en enfrentamientos a puñetazo limpio en medio de los partidos. Recuerdo concretamente que hubo bastante lío en un partido de preparación para los Juegos celebrado en España y televisado por TVE. Los yugoslavos se habían impuesto en la primera fase a la URSS y se habían plantado en la final con una sola derrota ante Puerto Rico en la última jornada de la primera fase, cuando no se jugaban nada. Lo demás, todo victorias holgadas, incluidas las de cuartos contra Canadá y en semifinales contra Australia, ambas por más de 20 puntos.

Se sabía del potencial de Yugoslavia, pero muchos no sospechábamos la inmensa calidad que escondía tras el liderazgo de Drazen Petrovic. Se adivinaba que Divac y Paspalj, más conocidos por su buen papel en la Copa de Europa de ese año, podían ser grandes jugadores, pero Kukoc y Radja aún estaban algo tapados por jugadores más veteranos como Obradovic, Cutura o Cveticanin. Quedaba menos de un año para la explosión de los dos croatas a nivel europeo.

El caso es que los yugoslavos empezaron mucho mejor la final que los soviéticos, llegando a alcanzar 12 puntos de ventaja en los primeros diez minutos. A partir de ahí, una gran pájara de los “plavi” les dejó diez minutos sin anotar, llegando al descanso con sólo un punto por delante en el marcador. En la segunda parte se impuso la mayor experiencia de los soviéticos, en especial de Sabonis en su duelo con Divac. Seguramente la bisoñez de los Divac, Paspalj, Kukoc y Radja les jugó una mala pasada, pero la gran cantidad de minutos que estuvieron en cancha en una final olímpica con apenas 20 años hace pensar que el coach Ivkovic sí sabía el futuro que les esperaba a estos jovencísimos jugadores.

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