Si no puedes con tu enemigo…

El año de Petrovic en el Real Madrid (1)

La espera se había hecho larga pero por fin estaba en España, un año y medio después de que se hubiera anunciado su fichaje por el Real Madrid tras una rocambolesca operación en un aeropuerto, cuando iba camino de Barcelona a fichar por el club catalán. Drazen Petrovic, protagonista principal del baloncesto europeo en la década de los 80 por su inmensa calidad y por su polémica actitud en la cancha, iba a estar en nuestra liga, en el equipo al que había humillado en todos los sentidos cada vez que se había enfrentado a ellos. Aquella temporada tuvo nombre propio, se quedó para siempre con “La Liga de Petrovic”. Una Liga que no ganó, como veremos en la próxima entrada.

La primera consecuencia de su llegada fue la salida de uno de los que se la había tenido tiesas con él, Juanma López Iturriaga, con golpes y zancadillas incluidas en los distintos encuentros de Copa de Europa en los que se habían encontrado. Pudo ser por ese motivo, porque ocupaban la misma posición o porque el rendimiento de Itu había bajado, el caso es que el vasco fue invitado a salir, salida que coincidió con la de otros dos pesos pesados del vestuario, los doctores Del Corral y Corbalán, que dejaron el baloncesto al finalizar la campaña anterior.

El Real Madrid mantuvo una plantilla similar a la del año anterior, aunque reestructurada: no se fichó ningún base que sustituyera a Corbalán, dejando esa labor al tándem Petrovic-Biriukov y a Jou Llorente como suplente. Quique Villalobos ocupó el puesto de Iturriaga y Del Corral, mientras que se puede decir que Johnny Rogers cubrió los huecos dejados por Alexis y Branson, ya que podía alternar las posiciones de 3 y de 4. Con ello se dejaban los puestos interiores puros para Fernando Romay y los hermanos Martín.

Transcurridas algunas jornadas de liga el Madrid debía afrontar un acontecimiento histórico: la llegada de los Boston Celtics a la ciudad para disputar la segunda edición de aquel bonito experimento que durante unos años fue el Open McDonald’s, donde los mejores equipos europeos se medían a algún conjunto de clase media o alta de la NBA, en plena pretemporada de la liga estadounidense. Aquellos Celtics no eran ya el mejor equipo de la NBA, pero acababan de disputar la final de la Conferencia Este ante los Pistons y tanto su halo de equipo mítico como los jugadores que vinieron (fundamentalmente el quinteto formado por Johnson, Ainge, Bird, McHale y Parish) dotaron al evento de un gran interés entre los aficionados de toda España.

Tras unas buenas semifinales entre Yugoslavia y los Celtics, por un lado, y entre el Madrid y el Scavolini italiano, por otro, llegó el plato fuerte del torneo, entre los locales y los orgullosos verdes. El viejo pabellón de la Comunidad de Madrid se vistió de gala y el partido no defraudó. Petrovic, que ya consideraba su paso por el Madrid como un trampolín hacia su objetivo real de triunfar en la NBA, en algunas jugadas quiso lucirse demasiado, pero en otras cumplió su objetivo de mostrar su calidad ante un equpo estadounidense. Bien acompañado por los demás pesos pesados del equipo, y con gran actuación de Romay y la famosa defensa de Cargol a Larry Bird (que no impidió que éste acabara con más de 25 puntos en pretemporada), el partido fue precioso y todo el mundo quedó contento, con una victoria céltica que, aunque clara, tuvieron que sudar hasta el último cuarto.

La temporada continuó para el Real Madrid con bastante tranquilidad. En la primera mitad del curso, Lolo Sáinz consiguió que el protagonismo absoluto que Petrovic tenía en la Cibona fuese más repartido en su nuevo equipo, y no era raro ver en la estadística que el genio croata rondase los 25 puntos (en su ex equipo siempre estaba cerca de los 40) pero que Biriukov y Fernando Martín también superasen los 20. Según el día podían destacar también Rogers o Antonio Martín, pero la tónica general solía ser ésa. Las victorias en la Liga y en la Recopa iban cayendo sin muchos problemas y, con un sistema liguero más complejo que el actual, los blancos llegaron a imponerse al Barcelona hasta en cinco ocasiones en la primera mitad de la temporada, una de ellas en la final de la Copa del Rey, disputada en noviembre en La Coruña.

La temporada iba según el plan, que no era otro que recuperar la hegemonía en España tras dos años de dominio azulgrana y, de paso, sumar un trofeo europeo más en las vitrinas merengues. Hacía unos años que el Madrid no estaba cerca de la máxima competición continental, aunque con la estrella nacida en Sibenik esperaban volver a ganarla en breve y, mientras tanto, la Recopa que debían disputar ese año, no estaba mal para ir abriendo boca. Tras una competición sin muchas complicaciones, los madridistas debían medirse en la final al Snaidero de Caserta. Se esperaba un bonito encuentro, en especial el duelo entre Petrovic y el sensacional anotador brasileño Oscar Schmidt Becerra, pero lo que ocurrió en el pabellón de la Paz y la Amistad de Atenas superó todas las expectativas y ha quedado como uno de los mejores partidos de la historia en Europa, sin importar que no se produjese en la máxima competición continental.

El partido es maravilloso por parte de ambas escuadras y muchos lo habréis visto posteriormente gracias a repeticiones o Youtube, por lo que sólo cabe invitaros a repasarlo si hace tiempo que no lo veis. Pese a que supuso el segundo título de dos disputados para los blancos, el desmesurado protagonismo que para algunos asumió su estrella balcánica empezó a resquebrajar el ambiente de tranquilidad vivido hasta entonces. Puede ser una anécdota o no, pero viendo algún pasaje del encuentro al azar me he encontrado con alguna jugada en la que Fernando Martín recrimina a Petrovic alguna acción excesivamente individualista. Recientemente he escuchado en un documental a Lolo Sainz decir que él mismo pidió al yugoslavo que asumiera la responsabilidad en aquel partido, al que el Madrid se presentaba con la lesión de Fernando Martín en la mano derecha, que le dificultaba bastante la acción de tiro. Lo cierto es que al principio del partido los que respondieron fueron Biriukov y Rogers, pero luego fue un festival anotador del que todos sabemos.

En una próxima entrada recordaremos cómo acabó la temporada de la llamada “Liga de Petrovic”, para mí un jugador estelar y que en el Madrid dejó muestras de su extraordinaria calidad, aunque mi versión favorita del croata fue la que mostró a partir de 1990 tanto en los Nets como en la selección yugoslava y en la croata; un jugador igualmente letal desde el perímetro pero algo menos individualista y provocador.

NOTA: Como sé que los partidos que he incluido en esta entrada, pese a ser los más significativos de la primera parte de aquella temporada, pueden estar un poco “vistos”, os dejo aquí alguno más de Drazen con el Madrid:

Real Madrid – CAI Zaragoza

Real Madrid – Joventut (semifinal Copa del Rey)

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