Sin Radja… otra vez los mejores

El tercer título europeo de la Jugoplastika-Pop 84

Sin Radja, sin Ivanovic, sin Sobin y sin Maljkovic en el banquillo… Cuatro pilares importantísimos en los dos primeros títulos de campeones de Europa conseguidos por los de Split habían abandonado el equipo, pero eso no impidió que el maravilloso conjunto yugoslavo se hiciera por tercera vez consecutiva con aquel precioso trofeo con forma de canasta. A primera vista, con las bajas el equipo había empeorado considerablemente: El hueco de Radja y Sobin en el juego interior fue cubierto por la mayor presencia de un gran jugador algo tapado hasta entonces, Zoran Savic, y por un americano baratito, Avi Lester, además del aumento de minutos en cancha de un jovencísimo y enclenque Tabak, mientras que la ausencia de Ivanovic, el más veterano y máximo anotador del grupo, se tapó con Aramis Naglic, jugador correcto con mucho menos talento que el montenegrino. En el banquillo se optó por un entrenador con experiencia, Zeljko Pavlicevic, que ya había sido campeón de Europa con la Cibona de Drazen Petrovic.

Sorprendentemente, el santo y seña del equipo y el que más ofertas multimillonarias había recibido para abandonar el barco, Toni Kukoc, decidió permanecer en Split un año más. Es difícil saber los motivos que le llevaron a hacerlo, pero su fidelidad tuvo el premio de un tercer título continental, que con el paso de los años el croata juntaría con los tres anillos de la NBA que iba a conseguir con los Bulls… además de un sinfín de medallas con las selecciones de Yugoslavia y de Croacia.

El desarrollo de la temporada pareció dar la razón en cierto modo a los que pensaron que la Jugoplastika (cuesta no llamarlos así, aunque en esta temporada cambiaron su patrocinador de toda la vida y, por lo tanto, su nombre, por el de Pop-84) tenía pocas opciones de volver a revalidar el título. En la última temporada del formato de liguilla de cuartos de final (y de la propia Copa de Europa como se había conocido hasta entonces, ya que al año siguiente comenzaría a disputarse la Liga Europea), los de Split cosecharon derrotas contra el Barcelona, el Aris o el Maccabi y sudaron para ganar al Kingston inglés y al Bayer Leverkusen, ambos muy lejos del nivel de los grandes favoritos. En la segunda vuelta les fue mejor, aunque una nueva derrota contra el Barça y otra muy abultada en Tel Aviv volvieron a sembrar las dudas sobre ellos. Error, como en los dos años anteriores.

El equipo de Pavlicevic se clasificó para la Final Four de París en segunda posición de la liguilla, con cinco victorias, por detrás del Barcelona. Sólo con una derrota más quedó su rival en semifinales, el Scavolini de Pesaro, el campeón italiano al que daba gusto ver jugar por la calidad individual de sus dos americanos, Darren Daye y Darwin Cook, bien acompañados por los italianos Magnifico, Costa y Gracis, entre otros.

Los italianos complicaron mucho las cosas a los yugoslavos, que solventaron el partido en la segunda parte, con Perasovic y Savic como destacados. En la final esperaba de nuevo el Barcelona, que había arrollado en la otra semifinal al Maccabi. El primer puesto de los catalanes en la liguilla, su buena semifinal y la supuesta pérdida de nivel de los amarillos permitían a los de Maljkovic afrontar la final con posibilidades de alzar el ansiado trofeo. En un intento por restar talento al campeón, el serbio, técnico de la Jugoplastika hasta entonces, había sustituido en el banquillo a Aito García Reneses, que pasó a los despachos barcelonistas en un experimento que acabó enfrentando a ambos. A priori, el equipo podía considerarse más completo que la temporada anterior, con las incorporaciones del cotizado Montero en el lugar de Costa, y con la calidad al poste bajo de Piculín Ortiz en sustitución de la garra de David Wood, más la apuesta de Maljkovic por canteranos como Galilea, Lisard González y Esteller.

Quizá el Barça volvió a confiarse, quizá le pudieron otra vez los nervios de ver a su verdugo enfrente, quizá faltó algo de carácter o quizá le afectó la lesión de un Norris que hizo lo que pudo jugando hasta el último momento con un hombro maltrecho. El caso es que los porcentajes de tiro Epi o Solozábal fueron pésimos y los rebotes de Piculín Ortiz y los tres triples de Lisard González en doce minutos fueron los únicos argumentos que presentó el equipo catalán para intentar ganar el partido. Enfrente, un equipo tranquilo, liderado por un Kukoc que no necesitó anotar demasiado y que se apoyó en el partidazo de Savic cerca de canasta y en las aportaciones de todos los demás, incluido el americano Lester, para dominar en el marcador durante todo el encuentro.

Conseguido el tercer campeonato consecutivo, sí fue el momento de que Kukoc siguiera el camino de las liras que le ofrecían desde Treviso y el equipo que había dominado Europa durante tres años se deshizo, participando en la nueva Liga Europea bajo el nombre de Slobodna Dalmacia y con el liderazgo en cancha de Velimir Perasovic, que esperaría un año más antes de poner rumbo a España. Un equipo que nos dejó una historia maravillosa de buen baloncesto, juventud y buen trabajo desde la base y que será recordado para siempre como uno de los mejores de la historia de Europa.

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