Y el rey reclamó su corona

Los Bulls conquistaron su primer anillo de la NBA en 1991

Poco a poco, como suceden estas cosas en la NBA, los Chicago Bulls fueron subiendo peldaños desde la llegada de Michael Jordan en 1984, superando cada año una eliminatoria más, compitiendo cada vez mejor contra los equipos que jugaban las finales. Y en 1991 llegó para ellos el momento de asomarse al playoff final contra el equipo que había dominado los 80, para tomar el testigo y reinar toda la década siguiente.

Los Bulls eran un equipo del montón incluso recién llegado Jordan. No bastaba con tener al que con los años se convertiría en el mejor de la historia y darle el balón. Sí, era capaz de anotar muchos puntos por sí solo y se le consideraba un jugador individualista. Pero lo cierto es que no estaba muy bien rodeado. Eso le bastaba para meter en playoffs en su primer año a un equipo que llevaba tres años sin olerlos, o para ponerle las cosas difíciles en primera ronda a los poderosos Celtics en su segunda temporada, con aquellos gloriosos 63 puntos en el Boston Garden. Pero era Jordan, el que empezaba a anunciar cualquier producto por la tele, el de las zapatillas con su nombre… se le exigía más, pero eso sólo podía llegar con un buen equipo a su alrededor.

Y lo consiguieron gracias a la destreza de Jerry Krause en los despachos. En 1986 ya parecía que habían conseguido a una perla en el draft, un alero de casi 2’10 llamado Brad Sellers, pero resultó ser un fiasco. Un error, pero prácticamente todo lo que vino después fueron aciertos, aunque no lo parecieran en un principio. En el draft de 1986 llegaron dos de los elementos claves para lo que vendría después, Scottie Pippen y Horace Grant, dos jugadores que no reclamaban protagonismo en ataque pero podían anotar aprovechando la atención que generaba “Air” y, sobre todo, multiplicaban la intensidad del equipo en defensa. Hubo otro movimiento esencial que no se entendió bien en un principio pero que salió a la perfección: el traspaso de Charles Oakley, duro defensor, gran reboteador y buen amigo de Jordan, a cambio de un pívot de maneras extrañas como Bill Cartwright. Lo cierto es que, teniendo a Horace Grant, los Bulls podían permitirse prescindir de Oakley para conseguir lo que no tenían: un verdadero center que, si bien no era un dechado de virtudes en ataque, sí fue la pieza que encajó a la perfección en los de Illinois ante pívots como Ewing o Laimbeer. A todos ellos se unía John Paxson, un base que había llegado poco después que Jordan y que era más tirador que director, pero que encajó a la perfección en el triángulo ofensivo, gran contribución al baloncesto de Phil Jackson, ascendido al puesto de entrenador jefe en la 89-90.

Con esos mimbres (y con la mejora como defensor y en el conocimiento del juego de Jordan), los Bulls fueron creciendo ante la mirada de aficionados y periodistas, que les juzgaban con dureza cada vez que caían en una ronda de playoffs. Pero el plan de Krause iba encajando y cada año avanzaba un poco más: semifinales de conferencia en el 88 (4-1 ante Detroit), final de conferencia de nuevo ante los Pistons en el 89 (4-2), nueva final del Este en el 90 (4-3, los Pistons sufrían cada vez más)… hasta superar a los de Michigan por fin en el 91, nada menos que por 4-0. En la final esperaban los Lakers.

(Todos los vídeos de esta entrada menos el último son del canal NBA CLASSIC ESPAÑOL)

Vista la trayectoria de los Bulls, podría pensarse que lo normal era que la final de la NBA fuera un escalón más pero que les faltaba algo para ganar a los experimentados Lakers, que habían jugado siete finales entre 1980 y 1989. Los angelinos parecían haber cerrado una época en 1989, con la retirada de Kareem Abdul-Jabbar y la derrota contra Detroit por 4-0 en la final. Sin embargo, se rehicieron en la 90-91 con fichajes como los de Divac y Sam Perkins, para superar a Houston, Golden State Warriors y los favoritos Portland Trail Blazers en unos  playoffs extraordinarios y alcanzar una vez el último escalón de la temporada. Después de ganar el fantástico primer partido de la final, los Lakers parecieron dar(nos) la razón a los que les daban (dábamos) como favoritos contra Chicago.

En el segundo partido los Bulls empataron la eliminatoria, sacando a relucir toda la intensidad que les permitía la juventud y la capacidad atlética de sus jugadores, asfixiando a los veteranos Lakers en la segunda mitad después de que se llegara al descanso con cinco puntos de ventaja para Chicago. Pippen y Grant, con 20 puntos cada uno, secundaron los 33 puntos, 7 rebotes y 13 asistencias de Jordan.

Ya en Los Angeles, el tercero fue posiblemente el partido decisivo de la eliminatoria. Los seis puntos de ventaja que consiguieron con mucho sudor los Lakers al final del tercer cuarto resultaron insuficientes para evitar la prórroga, donde los Bulls consiguieron recuperar la ventaja de campo perdida en el primer encuentro.

En el cuarto encuentro los Bulls volvieron a imponer su físico ante los de Mike Dunleavy, que sólo aguantaron el primer cuarto. Al descanso Chicago ya dominaba por ocho puntos, diferencia que aumentó al final del tercer cuarto hasta los dieciséis.

Los Bulls tenían la oportunidad de hacerse con el anillo de campeones en el quinto partido, disputado en Los Angeles. A los californianos les quedaba hacerse fuertes en casa y devolver la eliminatoria a Chicago, pero si dos años atrás habían perdido todas sus opciones con las lesiones de Magic y de Byron Scott en la final contra Detroit, la historia se repitió en el 91 al no poder contar para el quinto partido ni con Scott ni con Worthy. Pese a todo, los Lakers tiraron de algunos jóvenes poco habituales como Elden Campbell y Tony Smith, que hicieron un buen partido, y ello sumado a la buena conexión que tenían Magic y Divac les permitió vender cara la derrota… hasta que de nuevo la capacidad física  de los Bulls y la fantástica serie de tiros de media distancia de John Paxson dieron el punto definitivo a los de Illinois.

(Por algún motivo YouTube ya no me deja subir vídeos de más de una hora. Aquí tenéis la segunda parte.)

Aquella final fue el comienzo de un reinado de ocho años en la década de los noventa, con dos de paréntesis por la primera retirada de Michael Jordan. Una equipo que dejó momentos memorables de dominio de la NBA y que pasó a la historia como una de las grandes dinastías de su historia.

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