No fue un sueño

El Dream Team ganó y dio espectáculo en Barcelona 92

No decepcionaron en absoluto. Los Juegos Olímpicos de Barcelona en 1992 supusieron un hito en el baloncesto de selecciones: por primera vez Estados Unidos iba a confeccionar un equipo con jugadores de la NBA, animado por el cambio de normativa y por los últimos fracasos sufridos con jugadores universitarios en los Juegos de Seúl y en el Mundial de Argentina. Y no llevó un equipo cualquiera: después de muchas elucubraciones y de tener que convencer a más de uno, la selección estadounidense unió en sus filas a las mayores glorias de la década que acababa de terminar (Magic Johnson y Larry Bird) y a los jugadores que estaban dominando y dominarían los recién estrenados años noventa: Michael Jordan, David Robinson, Pat Ewing, Scottie Pippen, Clyde Drexler, Karl Malone, John Stockton, Chris Mullin y Charles Barkley. Aún quedaron fuera grandes estrellas como Isiah Thomas, Dominique Wilkins o James Worthy. Completaría el equipo un jugador en edad universitaria y, con la perspectiva que da el tiempo, la guinda habría sido elegir a alguien que después fue tan grande como el resto de integrantes del Dream Team: Shaquille O’Neal. Pero, por su gran trayectoria con Duke y por la presencia del Coach Krzyzewski en el cuerpo técnico, se optó por Christian Laettner que, vista su carrera, desentona un poco entre el resto de nombres de la plantilla.

Las dudas que tenían algunos jugadores acostumbrados a descansar o a entrenarse durante el verano se disiparon en cuanto Magic Johnson, retirado unos meses antes por haber contraído el VIH, dio un paso al frente. Los Juegos se convirtieron en su gran objetivo y quería en su equipo a los mejores. Tanto a Larry Bird, a punto de retirarse y con la espalda hecha unos zorros, como a Michael Jordan les dio bastante pereza, pero acabaron cediendo ante el entusiasmo de Magic. A los demás costó menos convencerlos: si los tres más grandes habían dicho que sí, ¿cómo iban a decir otra cosa los demás?

Una vez confeccionado el equipo, la gran pregunta era si semejante equipo iba a afrontar la cita con la máxima motivación o si se iban a limitar a llevarse el oro sin necesidad de desplegar un gran juego. La incógnita se resolvió rápidamente: aunque tuvieron sus momentos de asueto durante parte de la preparación en Montecarlo, los entrenamientos a las órdenes de Chuck Daly fueron serios y en el Preolímpico celebrado en Portland ya dieron las primeras muestras de que no iban a ir a Barcelona a pasearse. Ya en los Juegos, tras el debut contra Angola, en el segundo encuentro terminarían de ratificar las buenas impresiones. Nada menos que contra la selección que acabaría siendo subcampeona, la recién independizada Croacia, los americanos quisieron demostrar que no iban a tener rival. En especial Jordan y Pippen, que quisieron quedar por encima de su compañero Toni Kukoc, al que sometieron a una férrea defensa con ayuda de sus compañeros. En este vídeo de NBA CLASSIC ESPAÑOL podemos gozar tanto del partido como de un rara avis: Pedro Barthe y Ramón Trecet comentando juntos.

Croacia se presentaba en los Juegos con un trío estelar (Petrovic, Kukoc y Radja) bien acompañado por Vrankovic, Perasovic, Komazec, Tabak o Cvjeticanin, buen equipo pero insuficiente para aguantar más de medio partido al Dream Team. Aunque se ha repetido hasta la saciedad, siempre que se habla de Barcelona 92 es obligado preguntarse qué habría hecho la Yugoslavia unificada del trienio anterior contra los astros americanos.

Demostrada la superioridad yankee, los de Daly siguieron su camino dando buena imagen en sus abultadas victorias ante Alemania, Brasil y España, sin menospreciar al rival e intentando dar espectáculo y no tomárselo a chufla. Solamente un Barkley especialmente motivado y que acabó siendo el máximo anotador del equipo tuvo en ocasiones un comportamiento poco deportivo. Ni siquiera las lesiones de Magic Johnson y John Stockton durante la primera fase les trastornaron lo más mínimo, y en todos los partidos dejaban unas cuantas jugadas para el deleite de los aficionados de Badalona, que fue la sede del baloncesto en los Juegos.  Como muestra, este fragmento del encuentro contra Alemania:

El último partido de la primera fase debía enfrentar a Estados Unidos con el deprimido equipo de España. Llegados a este punto, haré un paréntesis para repasar la lamentable actuación de la selección española en aquellos Juegos. Lo que tendría que haber sido una fiesta para el baloncesto español, al celebrarse la competición más importante de nuestro deporte en casa y recibiendo al mejor equipo de todos los tiempos, se convirtió en un fracaso de infausto recuerdo por diversos motivos, el principal de ellos el equipo que se confeccionó para la ocasión. En mi opinión las cosas podrían haber sido distintas si hubiesen participado los dos mejores pívots españoles de la época, Ferran Martínez y Antonio Martín, pero recuerdo que hubo polémica por la ausencia de ambos, que quizá habrían podido recuperarse de sus lesiones a tiempo para la cita olímpica. Sin embargo, Díaz-Miguel (si no recuerdo mal) no quiso contar con ellos si no estaban al cien por cien para la preparación. Con todo, España acabó con un equipo repleto de buenos jugadores exteriores (Villacampa, Epi, Herreros, Xavi Fernández y Biriukov eran los aleros y los hermanos Jofresa y Antúnez, los bases) pero con un juego interior en el que el excelente campeonato de Andrés Jiménez, que llevaba años jugando de alero, no fue suficiente. El de Carmona estuvo acompañado por dos jugadores muy duros en defensa pero que no podían aportar lo suficiente en ataque, como eran Orenga y Andreu. Para completar el desequilibrio de la plantilla, Díaz-Miguel escogió entre todos los pívots españoles que le quedaban a Santi Aldama, que ha quedado para siempre como la gran extravagancia del histórico técnico. Aldama no había jugado antes con la selección ni lo haría después y, en mi opinión, a unos Juegos Olímpicos hay que llevar jugadores con otro tipo de trayectoria. La lesión que impidió a Epi disfrutar como merecía de los Juegos en los que fue el último relevista de la antorcha fue el colmo de uno de los momentos más negros de la historia de la selección.

Antes de aquel partido contra Estados Unidos, España había empezado el campeonato cayendo ante Alemania y venciendo por un punto a Brasil. La derrota posterior contra Croacia entraba dentro de lo previsible, aunque la manera en la que se echaron por tierra los buenos 30 primeros minutos disputados contra los balcánicos confirmó que aquel no era el campeonato de los de Díaz-Miguel. El técnico acuñó una frase histórica para justificar la manera en que se perdieron las opciones de victoria en los últimos minutos: “No tuve tiempo para pedir tiempo [muerto]”. El partido es interesante para ver que España no tenía tan mal equipo, pero estaba muy descompensado (vídeo de AD San Federico Carabanchel Madrid):

La derrota por 20 puntos contra Angola, de infausto recuerdo y en la que no me detendré, fue la puntilla para un desesperado equipo español. Después de aquella serie de despropósitos casi no había ni ganas de enfrentarse a Estados Unidos, pero la cosa no fue tan desastrosa como se podía esperar, quizá porque los estadounidenses fueron avisados de que no hicieran sangre ante un conjunto que vivía sus horas más bajas después de haber alcanzado la gloria ocho años antes. El partido fue digno dentro de lo que cabe, con gran actuación de Jiménez y Villacampa, y todo acabó en foto conjunta y abrazos entre Magic y Epi y entre Jordan y Díaz-Miguel (vídeo de A Pie de Cancha).

Acabada la primera fase (a España aún le quedaba el bochorno de volver a perder contra Angola para quedar novena), faltaba por ver si algún equipo del otro grupo podía poner a Estados Unidos en mayores aprietos que los 33 puntos de diferencia por los que había cedido Croacia. En cuartos de final esperaba Puerto Rico que, liderada por la extraordinaria pareja interior que formaban Ramón Rivas y Piculín Ortiz, había dado una gran imagen en el Mundial dos años antes. Pero ante Magic, Jordan y compañía apenas presentaron batalla y el encuentro fue una ocasión más para disfrutar del juego de los norteamericanos.

La semifinal también sería un camino de rosas para los yankees. Lituania, otro país recientemente independizado, tenía un problema similar al de Croacia: una columna vertebral con grandes jugadores (Sabonis, Marciulionis, Kurtinaitis y Homicius) y una segunda unidad bastante más floja en la que destacaban el veteranísimo Iovaisha y un todavía muy joven Karnisovas. El resultado, algún que otro highligh en forma de asistencias y tapones de Sabonis (en especial dos “gorros” consecutivos a Robinson) y la calidad del enorme Marciulionis, poca cosa para acercarse a menos de 5o puntos de diferencia.

(Aquí podéis ver la segunda parte).

Los americanos ya estaban en la final, dando una buena imagen pero sin encontrar apenas resistencia en ninguno de sus oponentes. Su rival en la final salió de la semifinal entre Croacia y la llamada Comunidad de Estados Independientes, una unión de antiguas repúblicas soviéticas (Rusia, Ucrania y alguna más) que había ganado su plaza en el Preolímpico de Zaragoza, al igual que el resto de selecciones europeas a excepción de la anfitriona. En ese extraño conjunto que no representaba a ningún país se juntaron jugadores como Volkov, Tikhonenko, Bazarevich o Belostenny y estuvieron muy cerca de pasar a la final. Pero, pese a no hacer un buen partido, fue Croacia (aquí un rato de su partido de cuartos contra Australia) la que tuvo el privilegio de acompañar a Estados Unidos en su partido de despedida (vídeo de AD San Federico Carabanchel Madrid).

Los primeros minutos de la finalísima fueron los más disputados que tuvo que afrontar el Dream Team en aquellas dos semanas. Aunque los americanos empezaron dominando por más de diez puntos, los croatas reaccionaron para adelantarse en el marcador ya en el minuto 10. Es curioso que la canasta que puso por delante a Croacia fue un espectacular mate de un jugador muy limitado como Arapovic, lo que hace pensar una vez más qué habría pasado si ahí hubiesen estado los Divac, Paspalj, Zdovc y compañía.

Naturalmente, la cosa no fue a mayores y los americanos se pusieron las pilas para volver a mandar en el marcador con autoridad. Pero antes de que subieran a recoger su medalla, pudimos ver momentos de gran interés, como el gran partido de Radja, un duelo entre Petrovic y Jordan para nada desigual y la reivindicación de Kukoc, que con una buena actuación se sacó la espina de la primera fase. Ello unido a las habituales acciones espectaculares de los Barkley, Jordan, Drexler etc. nos dejaron un partido de los que da gusto revisar de vez en cuando y la curiosidad de que Croacia consiguió perder por un punto menos que en la primera fase.

Para el recuerdo nos quedó un juego exquisito, intenso y solidario entre grandísimas estrellas, y también un par de detalles que nos dejaron un regusto amargo: para los aficionados españoles, la desastrosa actuación de nuestro equipo; y para todos los amantes del baloncesto, la pequeña frustración de no haber podido ver al Dream Team compitiendo contra alguna selección con suplentes mejores que los Arapovic, Alanovic o Naglic. Seguro que con un rival con doce hombres de gran calidad como el que podría haber presentado Yugoslavia nos habríamos divertido aún más.

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