Siete años después… Liga blanca

Sabonis volvió a hacer campeón al Real Madrid en 1993

Siete años sin ganar la Liga son muchos para un club como el Real Madrid. Y más cuando entre 1957 y 1986 no había pasado más de una temporada sin que los blancos alzasen el trofeo de campeón. El fichaje de Sabonis para la 1992-93 puso fin a aquella sequía, aunque tendrían que pasar otras dos temporadas antes de lograr el gran objetivo madridista, que era volver a reinar Europa.

La llegada del lituano a la casa blanca llenó de esperanza a unos aficionados que llevaban varios años de decepciones y tragedias una detrás de otra. Ya en la temporada anterior, con una política de fichajes menos arriesgada y la incorporación de Clifford Luyk como entrenador, las sensaciones habían sido mucho más positivas, alcanzándose la final de la ACB y consiguiendo la segunda competición europea (lo que ahora sería la Eurocup) con la famosa canasta de Ricky Brown. La incorporación de Sabonis a aquel equipo dio sus frutos ya en la primera mitad de la temporada con la consecución de la Copa del Rey, aunque un par de meses después los de Luyk sufrieron una enorme decepción al ser derrotados por el Limoges en las semifinales de la Liga Europea, para que eran los máximos favoritos.

Tras una temporada regular bastante plácida en la Liga, salpicada de derrotas esporádicas contra el Barcelona, el Estudiantes o la revelación Elosúa León, tuvieron que enfrentarse precisamente a los leoneses en la eliminatoria de cuartos de final de los playoffs. Después de sufrir para derrotarles por dos puntos en el primer partido de Madrid, el segundo fue algo más cómodo y sellaron su pase a semifinales, donde esperaba el Estudiantes. Los colegiales habían mejorado la plantilla que les había llevado a la gloria en el 92 con dos grandísimos fichajes que salían del banquillo, como el croata Cvjeticanin y el maravilloso Rafa Vecina, un pívot con poco peso pero un gran cerebro para jugar al baloncesto, además de un excelente tiro exterior. Aunque no pudieron repetir hazaña en Europa, quedando fuera de los cuartos de final, y la Copa tampoco les fue muy bien, en la Liga alcanzaron las semifinales por cuarta vez consecutiva, un puesto en el que fueron fijos durante toda la década de los 90.

En dicha década la Liga ACB alcanzó un nivel extraordinario, con muchos equipos capaces de luchar con los grandes y con unos playoffs que siempre gozaban de un gran interés. No era raro que las dos eliminatorias de semifinales llegasen al quinto partido, como ocurrió en la temporada que nos ocupa. El derbi madrileño a cinco partidos fue muy competido, sin demasiados puntos pero con una tensión grandísima. Juan Antonio Orenga se hizo especialista en frenar a Sabonis pese a los quince centímetros que les separaban, consiguiendo condicionar el juego de los madridistas y llevar la eliminatoria al quinto encuentro, decidido en los últimos instantes.

Si los blancos habían sufrido para pasar a la final, la otra eliminatoria fue igualmente dramática. El duelo catalán entre el campeón, el Joventut de Badalona, y un Barcelona en plena reconstrucción, también necesitó de cinco encuentros. Los azulgranas, que aquella temporada lucían una curiosa segunda equipación naranja, tenían de nuevo a Aito García Reneses en el banquillo tras poner fin a su etapa en los despachos, marcada por la mala relación con el elegido para sustituirle como técnico, Bozidar Maljkovic. Aito heredó algunos de los jóvenes jugadores que debutaron con el serbio, en especial Galilea, y también apostó por dar entrada en el equipo a otros canteranos, como Paraíso o el prometedor Oliver Fuentes, que se quedó muy lejos de lo que se esperaba de él. Retirado Solozábal, Epi seguía siendo importante en el equipo, aunque saliendo del banquillo, y Norris y Jiménez se mantenían de la temporada anterior, aunque ambos perdiéndose partidos debido a las lesiones. Savic y el alero estadounidense Jones, un alero alto con buena mano, completaban la columna vertebral de un equipo en clara transición, pero que estuvo cerca de eliminar a un Joventut en el igualado último partido de la serie.

Los verdinegros sudaron sangre para meterse en la final en una campaña nada fácil para ellos. Al igual que el Estudiantes con Cvjeticanin, en teoría la reciente norma del tercer extranjero debía servirles para mejorar el equipo, más teniendo en cuenta que ya podían incluir a Mike Smith como jugador español. Pero la temporada no fue tan plácida como las dos anteriores, y la apuesta por Kopicki, que tan buen rendimiento había dado en Bilbao, no salió como se esperaba. Para acabar de complicar las cosas, la lesión de un pilar como Harold Pressley obligó a sustituirlo por un jugador que apenas aportó nada, como fue Chris Jent. En una época en la que los extranjeros se fichaban para llevar la voz cantante en ataque, un fiasco como el de Jent (campeón de la NBA al año siguiente con Houston, sin apenas participar) fue objeto de muchas chanzas. Sin embargo, la final fue tan competida como habían sido las semifinales y la Penya planteó mucha batalla al Madrid desde el primer partido.

Después de un primer encuentro en el que Sabonis recibió mucho apoyo en la anotación de varios de sus compañeros (cinco madridistas en dobles dígitos), el Joventut consiguió rebajar la anotación blanca en el segundo, parando a esos jugadores complementarios pero no a Sabonis, que consiguió 23 puntos y 17 rebotes. De todos los pívots verdinegros quizá Morales era el más capacitado para defender al lituano, pero nadie se hizo con la pócima mágica que parecía tener Orenga en sus enfrentamientos con él, y el Madrid viajó a Badalona con el 2-0 en contra en el marcador.

El Joventut se hizo fuerte en su casa, apoyándose en su público y en Jordi Villacampa y Mike Smith para ganar el tercer choque de forma holgada. Con un perímetro desacertado y con la pareja Sabonis-Brown manteniendo el tipo, los madridistas bajaron los brazos antes del final. En la Penya, Chris Jent mejoró ligeramente su aportación pero Kopicki seguía inoperante, como si no se hubiese adaptado a su puesto de pívot suplente después de ser la estrella junto a Lockhart en Bilbao. En el cuarto, los de Lolo Sainz tiraron más que nunca de Corny Thompson en otro partido a pocos puntos, como el segundo, para empatar la eliminatoria y devolverla a Madrid para el quinto encuentro.

En el choque definitivo, Villacampa y Mike Smith sostuvieron al Joventut durante gran parte del partido. El del Brooklyn, que ya había sido el mejor de su equipo en la final ganada a los blancos un año antes, consiguió 18 puntos y la espectacular cifra de 16 rebotes, saltando muchas veces por encima de Sabonis para capturar el balón. Pero para algo los blancos habían fichado al lituano, que con sus 22 puntos y 10 rebotes y la ayuda de Antúnez y Biriukov como jugadores más efectivos en ataque consiguió devolver el trofeo de Liga a las vitrinas blancas.

(Quiero agradecer a F.R. Alonso (@estu1971) que me haya pasado el vídeo del partido).

En próximas entradas seguiremos repasando la trayectoria en el Madrid del lituano, del que los aficionados madridistas pudieron disfrutar más que de la otra super estrella que habían tenido apenas cuatro temporadas atrás, Drazen Petrovic. Aquellos años de Sabas en el Madrid sirvieron para devolver la sonrisa a los socios del Madrid, que tantas veces se les había congelado desde el momento en el que el croata decidió poner rumbo a sus sueños NBA.

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