Barkley tampoco pudo

Los Bulls ganaron su tercer anillo frente a Phoenix

Después de haberse consolidado en la temporada anterior con su segundo anillo, los Chicago Bulls eran en la temporada 1992-93 los grandes favoritos a los que había que batir si alguien quería aspirar a ser campeón. Sin ninguna incorporación de relevancia al bloque que había conseguido los dos últimos títulos, Phil Jackson seguía confiando en la intensidad de Jordan y Pippen y en su triángulo ofensivo, sistema con el cual jugadores que en otros equipos fueron irrelevantes tenían un papel importante en aquellos Bulls. Los Paxson, Armstrong, Cartwright, Grant o Scott Williams cumplían su cometido a la perfección, contribuyendo a la gran defensa de los de Illinois y apareciendo cuando Air y su escudero doblaban el balón para desconcierto de todos sus rivales.

Esta vez los grandes enemigos de Chicago estaban en el Oeste, donde empezaba a acumularse mucho más talento que en el Este, con varios equipos atesorando un buen número de jugadores de calidad en sus filas, como Seattle Supersonics (con Gary Payton, Shawn Kemp, Eddie Johnson, Ricky Pierce o Sam Perkins), Houston Rockets (con Olajuwon, Kenny Smith, Otis Thorpe, Vernon Maxwell o Robert Horry) o Utah Jazz (con la pareja Stockton-Malone a la espera de ensamblar el equipo que les haría más grandes años más tarde). Un gran ejemplo de ellos eran los San Antonio Spurs, que con David Robinson, Sean Elliott, Terry Cummings y Dale Ellis como estrellas y nombres como Antoine Carr, Avery Johnson, Vinnie Del Negro o David Wood como secundarios presentaba una plantilla tipo de la conferencia Oeste, con una rotación de al menos 9 hombres de calidad. Faltaba un año para que incorporasen a Dennis Rodman, lo que les convirtió en grandes aspirantes, aunque precisamente los caprichos del “Gusano” fueron los que le alejaron de la posibilidad de ser campeones. Aquí se les puede ver en un duelo de primera ronda de playoff contra los finalistas de la temporada anterior, los Portland Trail Blazers, junto con resúmenes de los emocionantes duelos de playoffs de aquella temporada, al principio del vídeo.

Pero entre todos esos equipos que libraron cruentas batallas para hacerse con un puesto en la final destacaba Phoenix Suns. Uno de los grandes animadores de los playoffs del Oeste en las campañas anteriores, plantando cara a los Lakers en el 89 y eliminándoles en el 90, se convirtió en el gran rival de los Bulls por obra y gracia de la llegada de Charles Barkley, en un traspaso en el que tuvo que entregar a una de sus piezas más valiosas, Jeff Hornacek, además de Tim Perry y Andrew Lang. Pese al sacrificio que supuso para los de Arizona perder a Hornacek, Barkley llegó a un equipo donde había auténticas estrellas de la liga, como Kevin Johnson, Dan Majerle o, Danny Ainge o Tom Chambers.

Por su parte, los Bulls, después de una temporada regular en la que no quedaron primeros del Este (posición que correspondió a New York Knicks, con 60 victorias frente a las 57 de Chicago) barrieron en primera ronda de playoffs a los Atlanta Hawks de Dominique Wilkins y, más sorprendentemente, a los pujantes Cleveland Cavaliers, que tampoco consiguieron ninguna victoria en la serie. En la final de conferencia se repitió el clásico de los últimos años. Por tercera temporada consecutiva, los Bulls debían enfrentarse a los New York Knicks, que de la mano de Pat Riley se habían convertido en un equipo durísimo y que cada temporada iba avanzando una serie más de playoffs, encontrándose siempre a los de Phil Jackson en el camino. La lucha alcanzó los niveles de las series de otros años pero los Bulls estaban lanzados y solamente cedieron dos partidos, uno menos que la temporada anterior. En la final de la NBA les esperaba Phoenix, que habían sufrido en todas sus eliminatorias, perdiendo dos partidos contra los Lakers, dos contra San Antonio y tres contra Seattle. Los de Arizona contaban con ventaja de campo, pero las cosas no empezaron bien para ellos en los dos primeros encuentros en su casa. El juego alegre y agresivo de los de Arizona no se vio en ningún momento, maniatados por la habitual intensidad defensiva de los Bulls. Kevin Johnson no estuvo nada bien en esos dos primeros encuentros y, como les ocurrió a los Blazers el año anterior, no encontraron en Frank Johnson un relevo de garantías. A esa laguna en la dirección se unía la conocida poca productividad ofensiva de los pívots de los Suns, Mark West y Oliver Miller, y que Tom Chambers ya no era aquel jugador que deslumbró en temporadas anteriores. Con todo ello, sólo Barkley (42 puntos en el segundo partido), con la ayuda de Majerle y Danny Ainge, más la aportación esporádica del joven Richard Dumas en forma de espectaculares mates, no fue suficiente para anotarse ninguno de los dos primeros puntos de la final (vídeo del segundo partido obtenido del canal NBA CLASSIC ESPAÑOL, como todos los de esta entrada que no son míos).

Paradójicamente, los de Paul Westphal mejoraron lejos de su feudo. Los tres partidos disputados en Chicago fueron mucho más igualados, entre otras cosas gracias a la mejora del rendimiento de Kevin Johnson, que incluso fue el encargado de defender a Michael Jordan en muchas ocasiones, empresa que desempeñó con éxito en la medida de lo posible. Por si queréis ver los partidos con algo de intriga, no os comentaré el resultado de cada uno de ellos. Solamente os digo que Phoenix fue capaz de llevarse dos victorias del Chicago Stadium y estuvo cerca de conseguir otra. El tercero fue una maravilla de partido, con muchísima emoción y grandes actuaciones de las estrellas de ambos equipos.

El cuarto fue la confirmación de que la igualdad había llegado a la serie y que los dos equipos iban a tener que sudar para anotarse cada victoria. Lo podéis ver dividido en dos vídeos en el mismo canal que el anterior, NBA CLASSIC ESPAÑOL.

El quinto siguió la tónica de los dos anteriores, con unos Suns ya convencidos de que podían hacer frente a los bicampeones y unos Bulls que notaban el aliento de los de Arizona en el cogote, con la presión que suponía devolver la serie a Phoenix para los puntos decisivos con los de Westphal plenos de confianza.

Con el 3-2 en el marcador para los Bulls, los Suns tenían dos partidos en casa para alcanzar el gran objetivo. El sexto encuentro estuvo lleno de tensión y se resolvió por uno de los factores que hicieron grandes a los Bulls de Phil Jackson: cuando Jordan no podía resolver, siempre había un compañero con menos nombre situado en el lugar adecuado para clavar el tiro decisivo.

Sin llegar a estar tan incómodos como en los dos primeros partidos en Phoenix, los Suns volvieron a ser presa de los nervios jugando en casa, lo que dio una ligera ventaja de cinco puntos al descanso a los de Chicago. Barkley y compañía pudieron igualar el choque y conseguir que se decidiera en las últimas posesiones. Como decíamos, el encargado de anotar el tiro decisivo y de llevar el tercer anillo consecutivo a Illinois fue uno de los secundarios a los que Jackson conseguía sacar petróleo, que ya había sido una pieza clave en la final del 91.

Después de aquel tercer anillo consecutivo vino lo que todos sabemos: el padre de Michael Jordan apareció muerto en su coche en extrañas circunstancias y, poco antes de empezar la temporada siguiente, el jugador anunció su retirada para probar suerte en el mundo del beisbol. Afortunadamente no fue una jubilación definitiva y “Air” sólo estuvo ausente aproximadamente una temporada y media, regresando para los playoffs de la 1994-95. Naturalmente, los Bulls bajaron un par de escalones durante el tiempo que Jordan estuvo ausente y nunca sabremos si esos seis anillos que consiguieron los de Chicago durante la década de 1990 pudieron haber sido ocho.

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