Oportunidad perdida y campeón local

En el Eurobasket de 1993 se produjeron varios cambios en el orden establecido que habíamos vivido hasta entonces en el baloncesto europeo. Después de que en el Preolímpico clasificatorio para los Juegos de Barcelona ya participasen todas las nuevas repúblicas que surgieron tras la escisión de la Unión Soviética y Yugoslavia, lo previsible es que el campeonato de Europa estuviese dominado por las dos selecciones que triunfaron en el Olímpic de Badalona: Croacia y Lituania. Pero circunstancias como el trágico fallecimiento de Drazen Petrovic días antes del torneo o la sorpresa de que Lituania no se clasificase para el mismo dio lugar a un campeonato más abierto y con varias sorpresas, como veremos después.

A diferencia de los dos torneos anteriores, que contaron con sólo ocho participantes, en el celebrado en Alemania tomaron parte 16 selecciones, clasificadas en el preeuropeo celebrado semanas antes y tras el cual se produjo la mencionada desaparición de Petrovic. España iniciaba ese año una nueva etapa con el estreno de Lolo Sainz como seleccionador una vez cerrada de forma traumática la era del legendario Díaz-Miguel. Siempre he defendido que España no tenía en los años 90 (en especial en el 93 y el 94)  tan mal equipo como dicen los resultados (sí en Barcelona 92, donde se presentó una plantilla desequilibrada y mal preparada). Repasemos el plantel con el que contó Lolo para aquella cita.

El equipo se construía en torno a dos pívots con gran capacidad ofensiva como Antonio Martín y Ferran Martínez, que no habían podido coincidir en la selección desde los Juegos de Seúl. A ellos se unía un Andrés Jiménez en plenitud que alternaba posiciones interiores y exteriores, completando el juego interior dos expertos defensores como Orenga y Morales. Como aleros, tres metralletas como Epi, Villacampa y Herreros, más Xavi Crespo como cuarto ala tras su buena campaña en León.

En el puesto de base podía haber más debate: la Liga ACB estaba plagada de equipos dirigidos por bases de excelente calidad que acaparaban gran parte de los minutos de cada partido, y había mucho donde elegir: desde Pablo Laso en Vitoria a Joan Creus en Manresa, pasando por Pepe Arcega en Zaragoza, que era en principio uno de los tres elegidos para acompañar a los hermanos Jofresa, que tanta gloria habían dado a Lolo en el Joventut. Finalmente Arcega se lesionó y entró de forma imprevista Azofra, pero el que llevaba el peso del equipo era Rafa Jofresa. Un base excelente aunque, en mi modesta opinión, en aquellos años se echó en falta algo de la imaginación y el ritmo que podían aportar Laso o Azofra, a los que se vio poco con la camiseta de España.

El inicio del campeonato devolvió la ilusión a los aficionados españoles, con un juego convincente y victorias de prestigio. Después de vencer en la primera fase a Suecia, Bosnia y Rusia (por once puntos a la que sería finalmente subcampeona), España superó claramente a Italia por quince puntos y se deshizo de Letonia, antes de caer por un punto ante Grecia con el primer puesto del grupo ya asegurado. Pero más allá de los resultados, España demostraba un juego pleno de confianza y un dominio de los rivales que invitaban a pensar que se habían dejado atrás los viejos fantasmas. Aunque Rafa Jofresa no jugó su mejor campeonato, Sainz no acababa de atreverse a dar claramente el mando del equipo a Azofra, que aprovechaba sus minutos cada vez que salía. Villacampa, Jiménez y Antonio Martín exhibían un nivel excelente y Orenga era el pilar en defensa, mientras que Epi aparecía como sexto hombre en momentos importantes. Las sensaciones eran inmejorables para enfrentarse a la anfitriona en cuartos de final.

Alemania, que había contado para los Juegos con el extraordinario Schrempf, no tenía esta vez entre sus filas a su estrella NBA, que no solía participar con su selección, excepción hecha de la cita olímpica. Jugadores como Welp, Harnisch, Jackel, Rodl, Koch o Nurnberger, conocidos algunos por haber pasado discretamente por la NBA y otros por integrar el equipo germano de turno que competía cada año en la Liga Europea, no asustaban demasiado a los españoles después de haberse clasificado en cuarta posición en su grupo de la segunda fase.

Pero el día menos esperado se presentaron de nuevo los fantasmas: el juego se volvió espeso, los tiros no entraban y un partido que se presumía cómodo visto lo ocurrido en los partidos anteriores pasó a ser un sufimiento para conseguir cada punto, con los alemanes sintiéndose cómodos en su condición de locales no favoritos. Al final del partido pasó todo lo que tenía que pasar para que España sufriera un mazazo muy doloroso, porque realmente el juego de la selección había despertado muchas esperanzas en un campeonato tan abierto y en el que se había vencido a rivales temibles. Los dos tiros libres fallados por Azofra dieron una oportunidad a Welp, que en aquel torneo estuvo muy afortunado en los tiros decisivos.

Lo más  doloroso para los aficionados fue ver desarrollo de resto del torneo, cuya final disputaron Rusia, a la que España había derrotado con autoridad, y Alemania, ante la que los de Lolo habían caído en el último suspiro sin poder hacer su mejor juego. Croacia, con una selección muy parecida a la de la plata olímpica del año anterior, no pudo superar la tristeza de perder a Petrovic (ni ese año ni los siguientes) y cayó en semifinales contra Rusia. Los rusos derrotaron a los dálmatas con un equipo totalmente nuevo, sin ningún vestigio de la gloriosa etapa soviética a excepción de Bazarevich, y con muchos jugadores que iban a ser importantes pero que hasta entonces eran desconocidos en Europa: Babkov, Fetissov, Panov, Mijailov, Karassev

Por su parte, Alemania repitió sorpresa ante otro de los favoritos, una Grecia ya sin Gallis pero liderada por Yannakis, Fassoulas, Christodoulu y Galakteros, un joven muy prometedor que se quedó muy lejos de las expectativas que se pusieron en él. La final estaba servida: un Alemania-Rusia por la que nadie habría apostado antes de iniciarse el Eurobasket, por mucho que los germanos fueran los locales y los rusos los herederos del gigante soviético que dominó el baloncesto de los 80 junto con Yugoslavia.

(Siempre prefiero subir partidos comentados en español pero en esta ocasión no conservaba nada, supongo que por el cabreo que me produjo la eliminación de España. Gracias a F.R. Alonso (@estu1971) por pasarme los dos partidos de esta entrada).

Una final inesperada que por parte de Rusia tuvo continuidad con varios podios en los años siguientes, pero no por parte de Alemania, que siguió siendo la selección de segunda fila que había sido hasta entonces hasta que años después surgiera la figura de Dirk Nowitzki. En definitiva, un Eurobasket más abierto que en ediciones anteriores y que fue una gran oportunidad que España no pudo aprovechar porque le temblaron las piernas el día decisivo, algo que volvería a ocurrir en el año siguiente de forma aún más incomprensible.

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