El corazón del campeón

Houston repitió título siempre en desventaja de campo

En la temporada 1994-95, los Rockets pasaron a la historia de la NBA como el equipo que se proclamó campeón partiendo de una posición más baja en la temporada regular. Si en la temporada anterior se habían proclamado campeones superando a grandes equipos de la conferencia oeste pero quedando segundos, en esta ocasión tuvieron que superar muchas más adversidades para acabar revalidando el título.

Pese a comenzar la temporada con el impulso que les daba la condición de campeones y sin sufrir lesiones demasiado graves (Olajuwon se perdió 10 partidos y Horry 18 entre los jugadores más relevantes), algunos problemas, principalmente de disciplina provocados por Vernon Maxwell, dejaban entrever que la química del equipo campeón ya no era la misma. Maxwell, titular y fundamental en el anillo del 94, daba más problemas que alegrías, mientras que otro jugador muy importante como Otis Thorpe no rendía como la temporada anterior debido a pequeños problemas físicos. En torno a la fecha del All Star, los Rockets atraparon al vuelo la oportunidad de hacerse con los servicios nada menos que de Clyde Drexler, aunque ello supusiera decir adiós a Thorpe y quedarse con una plantilla algo descompensada: el ex de Portland ocuparía la posición de Maxwell, que dejó de aparecer en la rotación del equipo. La solución que se encontró para ocupar el hueco dejado en el puesto de power forward por Thorpe fue convertir a Robert Horry, hasta entonces un “tres” claro, en un falso “cuatro”. A su vez, el hueco dejado por este en el alero daba más protagonismo a Mario Elie, que respondió con creces. Repasando la carrera posterior de Horry en esa posición, no cabe duda de que quien la tomó sabía lo que hacía.

A pesar de adquirir a una estrella como Drexler, que volvía a la que había sido su casa en su periplo universitario, tanto al jugador como al equipo les costó mucho adaptarse a la nueva estructura, con un bajón en los resultados que les dejó en la sexta posición del oeste a la conclusión de la temporada regular. Nadie pensaba ya en los Rockets como candidatos a revalidar su título, pues para ello debían superar a los equipazos que había en la conferencia, como los Supersonics de Kemp y Payton, los Suns de Barkley y Kevin Johnson, los Jazz de Stockton y Malone o, la que era para todos la plantilla más completa, los San Antonio Spurs. El nivel de la conferencia era tan alto que sólo el séptimo y el octavo, Portland y Denver, fueron barridos en primera ronda. Todas las demás series se jugaron a cara de perro, con los Sonics volviendo a caer en primera ronda, esta vez ante unos Lakers que empezaban a resucitar bajo el mando de Del Harris, nombrado entrenador del año.

Los Rockets empezaron a carburar con el inicio del playoff y superaron la primera ronda por 2-3 ante los Jazz. Su sexta posición le abocaba a jugar todas las series contra equipazos y sin ventaja de campo, y los siguientes en la fila eran los Phoenix Suns. Con una base similar a la de la final del 93 (Johnson, Barkley, Majerle, Ainge) pero con la experiencia añadida de A.C. Green, Wayman Tisdale y un tirador como Wesley Person, los de Arizona seguían siendo temibles, pero los Rockets llevaron la serie al límite y la decidieron en el séptimo partido en Phoenix. Una derrota que frustró tanto a Charles Barkley que le hizo amagar con retirarse, aunque finalmente continuaría un año más en los Suns y cuatro más en los Rockets en busca de un anillo que nunca llegó.

Si doblegar a los Suns había costado un enorme esfuerzo a los de Tomjanovich, eliminar al siguiente rival ya en la final de conferencia se antojaba prácticamente imposible. Los San Antonio Spurs habían estado a la altura de las expectativas en la temporada regular y en los playoffs habían eliminado con solvencia a los Nuggets (3-0) y a la revelación, los jóvenes Lakers de Nick Van Exel, Eddie Jones, Vlade Divac o Elden Campbell. En la plantilla de los Spurs había de todo: veteranos expertos como Doc Rivers o Terry Cummings, tiradores como Vinnie Del Negro o Chuck Person, un alero completísimo como Sean Elliott y, sobre todo, un center dominador como David Robinson acompañado de Dennis Rodman para liberarle del trabajo sucio. Un equipazo dirigido en el banquillo por Bob Hill y en la cancha por Avery Johnson. Los de El Alamo llevaban años forjando semejante plantilla y el primer puesto de la regular les convertía en claros favoritos al anillo.

Enfrente, unos Rockets cargados de moral después de superar dos eliminatorias llegaron a San Antonio convencidos de poder ganar allí, cosa que hicieron en los dos primeros partidos. Curiosamente, David Robinson y compañía les devolverían la jugada con dos victorias en Houston, empatando la serie a dos con pleno de victorias visitantes. En el quinto, en San Antonio, los locales tampoco hicieron bueno el factor cancha y viajaron de nuevo a Houston con 2-3 para los Rockets. Los Spurs, pese a lo completo de su plantilla, tenían en Dennis Rodman a su jugador clave: cuando estaba centrado, era un espectáculo verle luchar por el rebote y defender a los “cuatros” de la Liga, todos más voluminosos que él. Lamentablemente, en sus años con la camiseta negra no tuvo a nadie que consiguiese sacar de él el máximo rendimiento de forma constante, como haría posteriormente Phil Jackson. Aquel año en el que los tejanos iban directos a ganer el anillo, en el momento decisivo el “Gusano” tuvo la mente más en fiestas y en casinos que en la cancha, lo que se tradujo en problemas con Bob Hill y en “cortocircuitos” en la cancha que perjudicaron a su equipo. En el sexto encuentro se acabó la racha de victorias visitantes y los Rockets pasaron a la final por 4-2.

En el este, las eliminatorias también fueron muy interesantes, en especial a partir de semifinales. Los Pacers de Reggie Miller, uno de los equipos más difíciles de batir en los 90, repitieron un enfrentamiento clásico de los 90 contra los Knicks, que por primera vez en varios años no se cruzaron con los Bulls en playoffs. El duelo se saldó con un 4-3 para los de Indianapolis, mientras que en la otra semifinal el interés estaba en ver hasta dónde podían llegar los Bulls, a los que había decidido regresar Michael Jordan mediada la temporada. Los de Chicago no fueron capaces de acoplar sus piezas en los pocos meses desde el retorno del rey y cayeron contra los pujantes Magic de Orlando por 4-2. En la final de conferencia, los Magic superaron otra serie encarnizada contra los más expertos Pacers por 4-3.

Los Magic disponían de lo que dicen los expertos que hay que tener para aspirar a ganar un campeonato: un gran base y un gran pívot, aunque ambos aún muy jóvenes. Por un lado, Anfernee Hardaway, que estaba asombrando a todos por su versatilidad y capacidad atlética en los apenas dos años que llevaba en la liga; por el otro, Shaquille O’Neal, una fuerza de la naturaleza que se movía por la cancha con la facilidad de un alero, antes de adquirir el volumen corporal que alcanzó años después. En el quinteto titular les acompañaban un tricampeón como Horace Grant y dos tiradores como Dennis Scott y Nick Anderson, con la misión de acribillar el aro en cuanto sus defensores acudían a la ayuda a intentar parar a O’Neal.  Los encargados de salir del banquillo ya flojeaban algo más, siendo Brian Shaw o Anthony Bowie los más destacados. Pese a ello fueron capaces de superar a equipos con experiencia como los Bulls y los Pacers, y en el primer partido de la final forzaron una prórroga que finalmente se llevaron los Rockets. Los de Houston no tenían ningún problema en jugar una serie más con desventaja de campo y, superado ese primer encuentro, veían muy cerca la posibilidad de repetir título.

Los Magic lucharon en cada uno de los encuentros de la final, siempre con O’Neal y Hardaway como máximos anotadores, pero los Rockets contaban con el mejor Olajuwon de su carrera, bien acompañado por un Drexler que dio su mejor rendimiento en los playoffs, y por Kenny Smith y los triples de Horry en el momento más oportuno, que serían los primeros de muchos. Un reserva de lujo como Sam Cassell marcaba en muchas ocasiones la diferencia. Después de un tercer partido que de nuevo se decantó del lado de los de Houston merced a su mayor veteranía, en el cuarto aparecieron también Horry y Mario Elie para rematar la faena.

Para la historia quedó la hazaña de superar cuatro eliminatorias con desventaja de campo para revalidar el título, así como la frase que pronunció Rudy Tomjanovich nada más recoger el trofeo: “Nunca subestiméis el corazón de un campeón“. Después del doble anillo, los Rockets se fueron desinflando temporada tras temporada, sin acercarse a las finales ni siquiera con los fichajes de Barkley y Pippen acompañando a Olajuwon años después. Lo mismo ocurrió con los Magic, que perdieron a O’Neal al año siguiente y sufrieron la desgracia de las lesiones de Hardaway, que le privaron de una carrera mucho más brillante y prolongada. Pocos meses después de aquel segundo anillo de Houston, las miradas de todo el mundo se dirigían a Chicago, con la expectación de comprobar si los Bulls serían capaces de recuperar la hegemonía contando con Michael Jordan desde el inicio de la temporada.

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