¿La mejor final europea de la historia?

Yugoslavia regresó a lo grande en el Eurobasket 1995

En el Eurobasket de 1995 lo mejor con diferencia llegó el último día. En un campeonato donde se esperaba con expectación el regreso de la selección de Yugoslavia una vez cumplida la sanción impuesta al país por la atroz Guerra de los Balcanes, la nueva versión de los plavi cuatro años después de su última aparición no defraudó. Pero su rival en la final alcanzó también un nivel extraordinario, brindándonos ambos equipos uno de los mejores partidos de la historia del baloncesto FIBA y, seguramente, la mejor final que haya tenido un Eurobasket.

Repasemos antes, como suelo hacer en estos casos, el papel de la selección española en el campeonato. Si en el Eurobasket de 1993 y en el Mundial de 1994 pienso que España tenía mejor equipo de lo que indica el resultado final y en ambos casos tuvo momentos de buen baloncesto, en el 95 la selección sí que bajó un escalón en su nivel, lo cual tuvo como consecuencia que no se clasificase para los Juegos Olímpicos del año siguiente. Si en los dos torneos mencionados aún quedaban tres jugadores de la vieja guardia (Villacampa, Jiménez y Epi) que contribuían y mucho al nivel general de la selección, para el 95 Lolo Sainz introdujo definitivamente una renovación que le llevó a unos años en los que, sin bajar a los infiernos de la clasificación, estuvo lejos de aspirar a las medallas.

Alberto Herreros, que llevaba en el equipo desde 1990, se convirtió en la gran referencia ofensiva de España, rodeado de buenos jugadores de complemento que aguantaron el tipo de la selección como pudieron entre 1995 y 2000, cuando empezó a incorporarse la generación del 80. Junto a Herreros, Nacho Rodríguez, Alberto Angulo o Alfonso Reyes fueron las caras más habituales en aquellos años en los que faltaba ese punto para poder aspirar a algo más. En el juego interior, curiosamente, sí se contaba con la pareja que tanto echamos de menos en el 92, Ferran Martínez y Antonio Martín, aunque este último ya debía de tener la cabeza en la retirada, que se produjo nada más acabar el campeonato. A otros, como Pablo Laso, Xavi Fernández o Mike Smith, la gran incorporación una vez pasado el plazo posterior a su nacionalización, no se les sacó en la selección el mismo jugo que en sus equipos, donde gozaban de roles más importantes.

Así las cosas, España empezó la primera fase (grupo de ocho equipos) ganando a rivales inferiores como Turquía y Finlandia y perdiendo con una Francia que hasta la fecha también lo había sido, en los tres casos sin sensaciones demasiado positivas en cuanto a entrega y conexión entre los jugadores. El espíritu competitivo parecía mejorar cuando España se quitaba de encima el cartel de favorito, como ocurrió ante la Croacia de Kukoc, Radja y compañía… pero eso no bastaba para ganar a equipos ya instalados en la elite, como en este caso, en el que se perdió por diez puntos. Una buena actuación coral contra Eslovenia bajo el liderazgo de Herreros (30 puntos) aseguraba una tercera plaza del grupo con la que todo el mundo parecía conformarse: el partido que quedaba, contra la Rusia subcampeona de Europa y del Mundo, parecía inabarcable para un equipo que había perdido por diez contra Croacia mostrando su mejor cara, máxime cuando había que vencer a los rusos por 16 puntos para subir un puesto. Pero España hizo uno de esos grandes partidos esporádicos que le salían en los 90, venciendo exactamente por esos 16 a los Babkov, Fetissov, Mikhailov y compañía. Un gran encuentro de Ferran Martínez y Herreros con la ayuda de Xavi Fernández y un Galilea que había actuado como tercer base hasta entonces. Una lástima no poder ofreceros el partido grabado porque no consigo extraerlo del DVD donde en teoría lo tenía.

Con la victoria ante Rusia se evitaba el cruce contra Yugoslavia o Lituania, los dos equipos que nos brindarían días más tarde aquella magnífica final. Por contra, había que enfrentarse a la anfitriona, Grecia, con las dificultades que eso conllevaba en cuanto a ambiente en contra y posible influencia arbitral. Jugando en Grecia siempre queda el recurso de achacar la derrota a los árbitros pero lo cierto es que el equipo heleno adquirió en la segunda parte una ventaja que España recortó en los últimos minutos con triples a la desesperada en una reacción insuficiente. Ya fuera de los Juegos Olímpicos de Atlanta, la selección quedó sexta en los partidos de clasificación posteriores. La ausencia de los Juegos, la única del periodo 1980-2016, era lógica visto el nivel que había exhibido España últimamente, pero aún había que tocar fondo en el Eurobasket de 1997, celebrado en Barcelona (vídeo en griego de bulldogskalamata91).

En los otros partidos de cuartos de final, los herederos de la antigua Yugoslavia y de la Unión Soviética demostraron que seguían partiendo el bacalao en Europa. Los plavi se impusieron sin problemas a Francia y Croacia a Italia, mientras que Rusia, que había sorprendido en los últimos años con jugadores poco conocidos a nivel internacional, empezó a decepcionar en cuanto se le consideró favorita, cayendo frente a Lituania por once puntos. En la semifinal contra Yugoslavia, Grecia intentó llevar el partido a pocos puntos y aprovechar el factor cancha como hizo contra España, pero se impuso la calidad de los de Ivkovic, mientras que Croacia seguía sin recuperar el punto de competitividad perdido después de la muerte de Petrovic y cayó con justicia contra Lituania.

La final tenía muy buena pinta, aunque la profundidad de plantilla de Yugoslavia hacía presagiar que se impondrían por fondo de armario. Lituania se presentaba con la base del equipo que le había dado la medalla de bronce en Barcelona 92: Marciulionis y Sabonis llevaban las riendas y el juego del equipo partía siempre de ellos dos. Con respecto al equipo del 92, Karnisovas había crecido mucho como jugador y ya ocupaba un puesto de mayor relevancia que el de los letales tiradores Homicius y Kurtinaitis, ya veteranos pero preparados para castigar al rival desde la línea de tres. El sexto jugador en importancia era Einikis, que ayudaba en el juego interior cuando Sabonis salía a recibir fuera de la zona o cuando este se sentaba a descansar. Los demás eran meras comparsas, incluido un Stombergas aún muy bisoño que jugó 14 minutos en la final.

Por parte de Yugoslavia (aún bajo esa denominación pero formada por Serbia y Montenegro), el equipo no tenía desperdicio. Divac venía de jugar a gran nivel en su sexta temporada en los Lakers y Danilovic estaba a punto de empezar su breve carrera en la NBA, mientras que prácticamente todos los demás eran estrellas en Europa: con Djordjevic, Bodiroga, Paspalj, Savic y los más jóvenes Rebraca o Beric, más Sasha Obradovic, base suplente que hizo una gran carrera en Alemania, presentaban un equipo más completo que el lituano. Como la retransmisión de TVE ya está en varios canales YouTube y está bastante vista, he subido una pequeña rareza: la versión de Eurosport con los comentarios de Siro López y Andrés Montes, este último en un tono algo más pausado que el que le recordamos narrando la NBA.

Vladas Garastas exprimió al máximo a sus mejores jugadores, en especial a Marciulionis, Sabonis y Karnisovas, obligando a Yugoslavia a emplearse a fondo y ofreciéndonos uno de esos partidos que da gusto revisar de vez en cuando. La final tuvo de todo y está lleno de momentos increíbles: algunos pases geniales de Sabonis y su duelo con Divac, la superioridad física de Marciulionis frente a todos sus defensores, el mate de Danilovic en la cara de Sabas o la pasmosa facilidad con la que anotaba el joven Bodiroga. No faltó la polémica, con ese momento para la historia en el que los lituanos amagaron con retirarse por lo que consideraban un trato arbitral injusto.  Pero, para acabar imponiéndose a una Lituania que lo dio todo, Yugoslavia necesitó de una actuación memorable de Sasha Djordjevic, de la que seguramente habréis oído hablar mil veces pero que os invito a ver sin desvelar su estadística, por si alguien no sabe el nivel que alcanzó el genial base serbio.

Fue un Eurobasket de mayor nivel que los anteriores debido al regreso de Yugoslavia y a que muchos jugadores europeos empezaban a ganar protagonismo en la NBA, lo cual les hacía mejorar y beneficiaba al espectáculo. Las franquicias estadounidenses todavía no se oponían abiertamente a que sus jugadores se incorporasen a sus selecciones, lo cual propiciaba duelos como el de aquella final fantástica que ha quedado para la historia como una de las mejores de todos los tiempos en Europa.

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