Un BASE con mayúsculas

Un triple de Creus dio la Copa de 1996 al TDK Manresa

El Báquet Manresa es, o era hasta su descenso el pasado mes de mayo, una bendita excepción en este baloncesto que hoy en día exige modernos pabellones y grandes ciudades. Era hasta ahora el último superviviente en la Liga ACB entre los clubes de localidades pequeñas, que en su día tanto aportaron al crecimiento del baloncesto español. Un clásico que se ha mantenido entre los mejores desde los años 70 y que vivió en los 90 sus momentos de mayor gloria, con la consecución de un título de Copa y otro de Liga. Pero esos títulos no fueron flor de un día, sino la culminación de una trayectoria que les mantuvo en posiciones de playoffs durante un lustro completo.

En aquellos años 90 habíamos empezado a acostumbrarnos a ver a equipos diferentes al Madrid y el Barcelona en las finales, equipos que en los años 80 tenían como máxima aspiración brindar a sus aficiones alguna victoria local esporádica contra los grandes. Primero fueron clubes clásicos como el Joventut, el Estudiantes y el CAI Zaragoza los que hicieron más competitivas las competiciones españolas. Pero a mitad de los 90, coincidiendo con la llegada de un tercer jugador extranjero a los equipos, la Liga se igualó y otras ciudades pudieron disfrutar de logros que unos años antes eran impensables. El Manresa, durante muchos años asociado de forma indisoluble a su patrocinador, TDK, se instaló entre los ocho mejores de la ACB durante cinco años, con distintos entrenadores, eligiendo bien a los extranjeros, sacando partido de jóvenes que no tenían sitio en los clubes que les habían formado… pero siempre con un denominador común: al frente de la nave estaba Joan Creus, que llegó a Manresa con 36 años, en un momento en el que se planteaba retirarse tras la desaparición del club en el que había dado lecciones durante años, el Granollers.

Creus fue probablemente el mejor base de la Liga ACB en el conjunto de la década de los 90. Hubo otros más explosivos, otros más imaginativos, pocos habría con mejor tiro exterior… pero el de Ripollet, además de mantenerse en activo hasta 1999 y casi a máximo rendimiento, alcanzaba al menos el notable alto en todas las facetas de juego. Era capaz de anotar cuando su equipo lo necesitaba (en Granollers solía rondar los 20 puntos por partido) pero, sobre todo, destacaba por su inteligencia para llevar el ritmo adecuado y tomar decisiones en bien del colectivo. Así, su llegada a Manresa para la temporada 1993-94 supuso un salto de calidad para el TDK, que pasó del decimotercer puesto al séptimo en la Liga en una sola temporada. A partir de ahí, dos cuartos puestos consecutivos, un octavo y un sexto, posición desde la que partieron en 1998 para proclamarse campeones de la Liga ACB.

Pese a haber alcanzado las semifinales ligueras en 1995, la presencia del Manresa entre los mejores seguía considerándose una sorpresa, un equipo simpático que podía poner las cosas difíciles a los grandes. Pero a nadie se le pasaba por la cabeza que pudiera ganar uno de los títulos nacionales, y así se presentó en Murcia en febrero de 1996 para disputar la Copa del Rey. Solventó con cierta holgura su partido de cuartos de final, contra el Baloncesto León del veterano Corny Thompson, y se benefició de la derrota sufrida por el Unicaja, uno de los favoritos, contra un Murcia que participaba en calidad de anfitrión, para tener en semifinales un choque más asequible que el que habría afrontado por la otra parte del cuadro. En la semifinal, los murcianos se valieron del apoyo de su público para tener opciones de victoria pero la seriedad de Creus se impuso a la imaginación de Jordi Soler y Duane Washington para dar el pase al TDK en los últimos minutos. La presencia en la final ya era un éxito para el club, y así lo veíamos todos, más teniendo en cuenta cuál podía ser su rival: la otra semifinal la protagonizaban el Real Madrid y el Barcelona.

Los blancos, campeones de Europa, seguían bajo la dirección de Obradovic pero la fisonomía del equipo cambió forzosamente debido a la marcha de Sabonis a la NBA. La apuesta del club blanco fue clara: cambió a una gran estrella como el lituano por algunos de los jugadores más destacados de la ACB: de Vitoria llegaron dos importantes piezas del pujante Baskonia, como Pablo Laso y Sant Abad, que se unían a otro ex baskonista, Joe Arlauckas; de Badalona, un MVP de una final como Mike Smith y un gran pívot defensivo como Juanan Morales; del PAOK de Salónica, el ex barcelonista y ex Jugoplastika Zoran Savic. Para completar una plantilla donde permanecían Antúnez, Santos y García Coll, además de Arlauckas, llegaba un joven tirador y campeón de Europa en el Partizan: Nikola Loncar. Una plantilla con mucho talento dirigida por el mejor entrenador de Europa, pero que no funcionó. Tras alcanzar las semifinales de la Copa y de la Liga Europea, cayó estrepitosamente en cuartos de final de la ACB contra el Caja San Fernando, dirigido por Alexander Petrovic. Pero de eso ya hablaremos dentro de poco.

Por parte barcelonista, recuperado el título de campeón de Liga contra el Unicaja, mantenía un equipo completísimo bajo el mando de Aito García Reneses: los Montero, Jiménez, Xavi Fernández, Ferran Martínez, Salva Díez, Galilea, Darryl Middleton y Quique Andreu habían sido convenientemente reforzados no sólo con el fin de revalidar la Liga sino con el de asaltar también Europa: Dan Godfread, destacado en Andorra y Sevilla, Manel Bosch, alero titular del contendiente de los culés en la magnífica final ACB disputada unos meses antes y, sobre todo, Arturas Karnisovas, el excelente anotador lituano, que irrumpió en España en un estado de forma arrollador en sus primeros partidos. Al final de la temporada se pudo comprobar que el conjunto azulgrana sí consiguió la química de la que carecieron los blancos y en la semifinal disputada en Murcia la balanza cayó del lado de los de Aito después de que el Madrid hubiera gozado de ventaja en la primera mitad.

En la final, a la que tuve la gran suerte de asistir con gran ilusión desde Alicante, nadie apostaba ni una peseta (2.000 valía la entrada para la última sesión) por la victoria del TDK. Pero los manresanos, dirigidos por Salva Maldonado, uno de los buenos entrenadores que hicieron grande al club en aquellos años, se fueron agarrando al partido y sembrando las dudas en el público y en el Barcelona.

Entrada Copa 96

La plantilla manresana, como en toda la década, estaba optimizada al máximo, configurada con distintas tipologías de jugadores: dos de los canteranos del Barça que había subido Bozidar Maljkovic al primer equipo unos años atrás, Roger Esteller y Lisard González; tres americanos serios: uno procedente de Italia como Tellis Frank y dos con experiencia contrastada en España, Harper Williams y Linton Townes; un hombres «de la casa» como Joan Peñarroya tenía un gran peso en el juego del equipo, mientras que Jordi Singla hacía sus primeras apariciones en la plantilla, aún sin entrar en la rotación; como últimos suplentes, el malagueño Chus Lázaro daba diez minutos de descanso, no más, a «Chichi» Creus, mientras que el madrileño Rafa Vega aparecía esporádicamente para dar un respiro a los interiores (3 minutos en la final).  Un conjunto con los roles muy claros, donde esos nueve hombres tenían clara su misión.

(Vídeo de AD San Federico Carabanchel Madrid)

Los catalanes se fueron creyendo que podían dar la sorpresa a medida que avanzaba el partido, hasta que en la penúltima jugada de la prórroga (el Barça tuvo oportunidad de contestarla), Esteller encontró en el momento y en el lugar oportunos al líder de su equipo. He tenido bastante suerte con el baloncesto que he podido ver en vivo fuera de Alicante, y aquel triple de Creus lo vi desde la grada del fondo donde se ejecutó. A mis 19 años, loco por el baloncesto y residente en una ciudad que aún no había llegado a la elite, presenciar de cerca aquella sorpresa mayúscula fue un regalo. Aquella jugada parecía premiar la trayectoria del pequeño base catalán a sus 40 años, pero aún vendrían más momentos mágicos en su carrera.

(Vídeo de OnTheLoFt)

En los 90 se produjo un bajón en el seguimiento del baloncesto en España con respecto a los 80, cuando nuestro deporte se colaba en muchas conversaciones de bar por delante del fútbol. Sin embargo, fue en esa década y a principios de la siguiente cuando las competiciones nacionales tuvieron más candidatos a la victoria y, para mi gusto, cuando más interés tuvieron, con muchos equipos colándose en las finales de Liga y de Copa, unos, como el Manresa, el Caja San Fernando o el Cáceres, de forma efímera  y otros, como el Baskonia, el Unicaja o el Valencia, para convertirse en equipos grandes durante muchos años. La Copa ganada por el TDK, que refrendaría dos años después consiguiendo el título de Liga, fue una muestra de aquella igualdad que ojalá vuelva algún día a la ACB. Quizá el título recientemente logrado por el Valencia después de varios años de sobredosis de Madrid-Barcelona pueda traernos la esperanza de que haya más equipos candidatos a ganar. En mi opinión, si así fuese supondría una gran noticia para el baloncesto.

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