Decíamos ayer…

Cuarto anillo para los Bulls en el regreso de Jordan

(Vídeos de NBA CLASSIC ESPAÑOL)

Después de dos temporadas de tregua para los demás candidatos al título, bien aprovechadas por los Houston Rockets para ganar dos campeonatos de la NBA, en la 95-96 los Bulls retomaron las cosas donde las habían dejado el día que Jordan decidió retirarse temporalmente: dominando a todos sus rivales hasta demostrar una vez más quién mandaba en la Liga en la década de los 90.

Es cierto que Jordan ya había disputado la recta final de la temporada anterior, pero aquello fue un aperitivo, 17 partidos de temporada regular y dos eliminatorias de playoff, la última cayendo ante los Magic por 4-2. Una derrota que convenció al mejor de todos los tiempos de que, una vez decidido a volver, tenía que prepararse al máximo para estar de nuevo en lo más alto. En esta 95-96, casi todos sus promedios se redujeron, jugando un par de minutos menos por partido que en temporadas anteriores, pero a la hora de escoger al MVP nadie dudó de quién merecía el galardón. Su motivación fue tal que empujó a sus compañeros desde el principio hasta el final: fue la temporada del record histórico de 72 victorias, que batirían los Warriors 20 años después.

No obstante, los Bulls de Phil Jackson no eran sólo Jordan, y más en el segundo tricampeonato que iban a conseguir del 96 al 98. Si entre el 91 y el 93 el técnico de Montana había conseguido sacar partido de jugadores que, en otros equipos, no alcanzaron ni de lejos el mismo rendimiento, para el reto de volver al trono de la NBA siguió en esa línea con jugadores como Longley, Buechler, Randy Brown, o Jason Caffey, también contó con otros que elevaron algunos grados el nivel de calidad de la plantilla, como Toni Kukoc, Denis Rodman y Ron Harper, al que convirtió de estrella en «hombre de la intendencia», como le llamaba Andrés Montes. Un equipazo con varias estrellas y otros elementos secundarios que hacían el trabajo sucio. Mención aparte merece el caso de Rodman, capaz de ser considerado estrella liderando al equipo desde la defensa y el rebote y encajando a la perfección como poste pasador en el triángulo ofensivo de Jackson.

¿Y los rivales? Para conseguir sus primeros tres anillos los Bulls habían tenido que superar duros escollos en la conferencia este antes de alcanzar la final, como los Detroit Pistons que acababan de conseguir dos campeonatos o los duros Knicks de Pat Riley, mientras que en la final siempre les esperaba alguna de las completas plantillas que había en el oeste (los últimos Lakers de Magic, los Blazers de Drexler y los Suns de Barkley). En esta segunda mitad de los 90, seguía habiendo equipazos en el oeste pero el panorama del este estaba cambiando: por supuesto, ni rastro de los Pistons ni de los Celtics, y los Knicks ya no eran tan fieros: 4-1 en semifinales de conferencia fue toda la resistencia que consiguieron oponer a los de Illinois en el 96. Ni los emergentes Heat en primera ronda (3-0) ni los Orlando Magic que pudieron ser y no fueron en la final de conferencia (4-0) supusieron tampoco mayor problema. Se esperaba que el equipo que fuera capaz de superar la batalla del oeste le pusiera en mayores aprietos en la gran final.

A ese otro lado del mapa, los bicampeones Rockets habían caído a la quinta plaza de la regular; los Suns, en la última temporada de Barkley en Arizona, seguían soñando con el anillo pero tampoco eran los mismos que alcanzaron la final en el 93; por su parte, el equipazo que siempre armaban los Spurs en torno a Robinson seguía sin colmar las expectativas que generaba, más después de no haber sabido domar el carácter de Rodman, cosa que sí consiguió Phil Jackson en los Bulls. Blazers y Lakers tampoco eran ya los de antaño, con lo que quedaban los Jazz y los Sonics como equipos más pujantes. Los de Salt Lake City, con ese baloncesto ordenado en torno al pick n’ roll de Stockton y Malone, y los del estado de Washington, que habían montado un gran equipo en torno al músculo y la intensidad de Gary Payton y Shawn Kemp, llegados a Seattle a principios de la década. Después de varios fiascos en playoffs habiendo conseguido grandes marcas de victorias en la regular, en 1996 llegó el momento de los Supersonics y por fin consiguieron alcanzar la final, superando por 4-3 a unos Jazz que ya estaban llamando con fuerza a la puerta.

Había expectación por ver qué podían hacer los Sonics contra unos Bulls que habían logrado sus tres anillos con la intensidad defensiva (y Jordan) por bandera. Los de George Karl también fraguaban sus victorias en la defensa, capitaneada por uno de los mejores de la historia en esa faceta, Gary Payton, y saliendo al contraataque en cuanto tenían la oportunidad de robar el balón. Karl había forjado un equipo alrededor de Payton y Kemp, pero no estaban nada mal acompañados: la clase de Sam Perkins, el tiro exterior de Hersey Hawkins, la calidad de Detlef Schrempf y más defensa y sabiduría en la figura del base suplente, Nate McMillan, les convertían en candidatos a batir a los tricampeones. Sin embargo, el equipo de Seattle no estuvio a la altura en el primer partido, en el que los Bulls se impusieron con claridad. En el segundo, también en Chicago, sí lograron estar más cerca en el marcador durante todo el partido, pero no evitaron tener que viajar a su casa con un 2-0 en contra.

La esperada reacción de los de Karl con el traslado de ciudad no llegó en el tercer partido. Pese al ruidoso ambiente que se creó en el Key Arena, los Bulls pronto adquirieron una ventaja superior a diez puntos, que mantuvieron hasta el final. Jordan alcanzó su máxima anotación de la serie, 36 puntos, y dejó el título visto para sentencia con el 3-0. A los Sonics les quedaba rendirse o intentar sumar alguna victoria ante su público para soñar con una remontada que se antojaba imposible teniendo enfrente a uno de los mejores equipos de la historia. Curiosamente, dos de los secundarios que se habían convertido en fundamentales para los de Seattle, Vincent Askew y el pívot Earvin Johnson, desaparecieron de la rotación por desavenencias con Karl. Una de las consecuencias fue que apareciera en el quinteto titular Frank Brickowski, que desentonaba bastante con la calidad de los otros cuatro jugadores que lo formaban: Payton, Hawkins, Kemp y Perkins. El cambio en la configuración del equipo modificó en cierto modo la cara de los Sonics en un cuarto encuentro en el que, aparte de los alley oops entre Payton y Kemp y los triples de Hawkins y Perkins, el espectáculo vino también a través de la intensidad del enfrentamiento en la pintura entre Rodman y Brickowski. Fuera por orgullo del equipo verde o por relajación de los de Phil Jackson, los Sonics hicieron por fin consiguieron completar un gran partido, dominando a los Bulls de principio a fin y con un público enfervorecido.

La inercia del ambiente del cuarto encuentro se trasladó al quinto, en el que los Bulls desparecieron de la serie. Los Sonics no estuvieron tan bien en ataque como en el choque anterior, pero consiguieron dejar a los de Jackson en 78 puntos. Las dos victorias consecutivas de Seattle reavivaron la final, dejando en el aire la posibilidad de pudiera haber séptimo partido. Al igual que en el quinto, en el sexto los porcentajes de acierto de ambos equipos volvieron a ser bajos, pero en especial los de los Sonics, que fueron esta vez los que no llegaron a 80 puntos, siendo Schrempf el mejor con 23. Después de dos malos partidos y sin acercarse en este a la brillantez o la emoción de los encuentros decisivos de campeonatos anteriores, los Bulls se concentraron en la defensa para cortar de raíz el sueño de la remontada de los de Karl y recuperar el cetro de campeones.

Tras una final a la que los Sonics llegaron un poco tarde para pillar desprevenidos a los Bulls, los de Chicago demostraron que habían vuelto para someter de nuevo a cuantos rivales se les pusieran delante, con una versión mejorada y más completa del equipo que se llevó los anillos de 1991, 1992 y 1993. Además del título, la temporada acabó con el mencionado récord de 72-10, con Michael Jordan como MVP de la temporada y de la final y como máximo anotador, con Rodman como mejor reboteador y con los premios de mejor entrenador para Phil Jackson y de mejor sexto hombre para Toni Kukoc. No quedan muchas dudas de que los Bulls de aquella temporada merecen ser considerados como uno de los mejores equipos de la historia. ¿Qué posición ocuparían para vosotros en ese ranking?

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