Menos Dream y más rival

Yugoslavia plantó cara a Estados Unidos en Atlanta 96

Habían pasado cuatro años desde aquel regalo que nos había hecho USA Basketball al reunir para los Juegos de Barcelona al mejor equipo de la historia. Después de aquello, se convirtió en costumbre que Estados Unidos mandase a las competiciones internacionales un equipo plagado de estrellas o, cuando menos, de buenos jugadores NBA. Aunque ya se sabe, Dream Team sólo hubo uno y lo que vino después no puede equipararse al recuerdo que dejaron los primeros NBA que se representaron al país de las barras y las estrellas.

Ya se sabe que en Estados Unidos eso del Mundial es poco menos que un torneo amistoso y que lo único que les interesa realmente son los Juegos Olímpicos. Por eso, aunque a la cita mundialista del 94 mandaron un buen equipo, muy representativo de lo que fueron los 90 en la NBA (Shawn Kemp, Shaquille O’Neal, Alonzo Mourning, Kevin Johnson, Mark Price…), puede decirse que los auténticos herederos del Dream Team fueron los que asistieron a Atlanta en 1996. Y el equipo no estaba nada mal: si bien es cierto que no estaban Magic, Bird ni Jordan, los tres que daban sentido al apelativo de «Dream», también lo es que el legendario Larry se tomó lo de Barcelona como una despedida y que Magic tuvo una lesión durante los Juegos que le impidió participar en varios de los partidos. Así que, glamour aparte, desde el punto de vista competitivo la gran diferencia era la ausencia de Jordan, que no es moco de pavo. Pero cinco componentes del equipo de ensueño repitieron cuatro años después (Stockton, Pippen, Barkley, Malone y Robinson), mientras que los otros siete tenían un estatus en la NBA similar al de los jugadores a los que sustituían: Olajuwon, O’Neal, Anfernee Hardaway, Grant Hill, Gary Payton, Reggie Miller y Mitch Richmond. En el caso de Hardaway y Hill, impresionantes jugadores en sus inicios, las lesiones que sufrieron posteriormente les impidieron quedar en la historia con el halo de algunos de sus compañeros, pero desde luego iban camino de ello.

A pesar de tener una grandísima plantilla, los estadounidenses, dirigidos por Lenny Wilkens, no dejaron las mismas sensaciones que la selección del 92. En la primera fase se deshicieron con facilidad de China, Angola y de una Argentina que todavía no había dado paso a su generación dorada, y se impusieron a los dos otros medallistas de Barcelona, a Croacia con la misma diferencia que en la final disputada cuatro años atrás (31 puntos) y con algunas dificultades más a Lituania (104-82). El físico de Barkley y O’Neal y la defensa de Payton y Pippen decantaban los partidos pero el equipo no acababa de enamorar. Tampoco brillaron especialmente en cuartos contra Brasil, teniendo que sobreponerse a una de esas exhibiciones que acostumbraba a hacer Oscar Schmidt, aunque solamente duró hasta el descanso. Los brasileños dependían en exceso de «Mao Santa», toda vez que las nuevas generaciones no alcanzaban el nivel de los Maury, Marcel, Gerson, Israel etc., que nueve años antes, también en terreno estadounidense, habían conseguido tumbar a Estados Unidos (entonces con jugadores universitarios en sus filas) en los Juegos Panamericanos. En la segunda mitad, Pippen tuvo que emplearse a fondo en la defensa a Oscar para solventar el cruce con victoria holgada, aunque sin brillo, de los de Wilkens (98-73).

En cuanto al resto de equipos, daba la sensación de que el nivel general era mayor que cuatro años antes en la ciudad condal, sobre todo por la presencia de Yugoslavia, sancionada entonces. Croacia, aunque sin Petrovic, contaba con Kukoc y Radja, ya consolidados en la NBA, más algún nuevo talento como Mrsic, que debía sumarse a unos Komazec, Perasovic, Vrankovic o Tabak que, con cuatro años de experiencia, debían paliar en cierta medida la trágica pérdida de Petrovic y, al menos, llegar a semifinales. Sin embargo, ninguno de ellos estuvo a la altura (ni siquiera los NBA) y cayeron ante Australia en cuartos, que luego no puso en dificultades a Estados Unidos.

Los otros dos países llamados a animar el campeonato eran la mencionada Yugoslavia, con una plantilla más completa que los croatas, y Lituania, que seguía basándose en Sabonis y Marciulinonis, con ayuda de Kurtinaitis aunque ya sin Homicius, pero que había subido su nivel con nuevos talentos, en especial Arturas Karnisovas y Einikis, más maduros que en Barcelona. También empezaban a asomarse a la selección jugadores que serían importantes en el futuro, como Stombergas y los hermanos Zukauskas. Al haber coincidido los lituanos en el grupo de la primera fase con Estados Unidos, los dos finalistas el Eurobasket de 1995 debieron jugarse el pase a la final. El partido no fue tan vistoso como un año atrás, pero sí fue igualado y un duelo con semejantes jugadores en cancha siempre deja algún detalle para los aficionados, como la racha de triples de Rimas Kurtinaitis, que mantuvo a su equipo en el partido.

Yugoslavia tenía una plantilla más completa que los lituanos y que los croatas que cuatro años antes habían tenido el honor de enfrentarse al Dream Team en la final: Divac y Danilovic jugaban sin problemas en la NBA, Djordjevic, Bodiroga y Paspalj dominaban Europa y otros como Savic, Rebraca, Tomasevic, Beric y Sasa Obradovic eran estrellas en sus equipos o iban camino de serlo. Completaban el equipo jugadores de innegable calidad como Loncar y Topic. Un equipazo, campeón de Europa y con hambre de competición después de la sanción que les mantuvo fuera de las canchas durante cuatro años como consecuencia de la Guerra de los Balcanes. Con semejante equipo, su sitio estaba en la final intentando poner en aprietos a Estados Unidos.

La final fue, como casi siempre en los Juegos, un intento por derrocar al gigante americano, con más interés si cabe desde que empezaron a asistir las estrellas de la NBA. Por lo demostrado en el campeonato, Yugoslavia aspiraba, al menos a aguantar en el partido más tiempo que los croatas en el Olímpic de Badalona, y así fue. Los de Obradovic jugaron sin ningún tipo de complejo y, con un magnífico Paspalj, en la primera parte tutearon a la selección estadounidense, que llegó con cinco puntos de ventaja al descanso.

En la segunda mitad, el físico americano se fue imponiendo poco a poco. Sólo hay que ver la nómina de centers puros que presentaban: Shaquille O’Neal, David Robinson y Hakeem Olajuwon, que por simple fuerza física tenían ventaja frente aun Vlado Divac que no jugó su mejor partido. Fue precisamente Robinson el mejor jugador del partido, después de no haber hecho un gran campeonato. Además, con defensores como Pippen o Payton y el descomunal talento de Penny Hardaway, el oro se fue decantando del lado estadounidense con el paso de los minutos.

Aquella primera mitad yugoslava nos hizo pensar una vez más cómo habría sido la final de Barcelona con el Dream Team y con el equipo plavi anterior a la guerra, con croatas, serbios, eslovenos y montenegrinos en su solo bando. Fue el preludio de lo que vendría después, primero con un oro en los Juegos de Sidney 2000 y finalmente con la derrota en semifinales contra la gran Argentina de 2004. Aquella decadencia paulatina de los equipos NBA en los Juegos hizo recapacitar a los dirigentes de la USA Basketball, obligándoles a tomarse en serio a los rivales y la preparación de los campeonatos. Una cura de humildad que, a las órdenes de Mike Kzryzewski, dio lugar a los equipazos de 2008 y 2012, que tuvieron que emplearse a fondo para derrotar a España en las bellísimas finales de los Juegos de Pekín y Londres.

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