El factor Dueñas

El Barcelona ganó la ACB de 1997 sin ventaja de campo

Trece temporadas de la Liga ACB se habían resuelto por el sisteme de playoffs hasta 1996 y en todas ellas se había impuesto el equipo que había alcanzado el primer puesto de la fase regular. Cabía preguntarse si verdaderamente las eliminatorias por el título aportaban algo de emoción al campeonato, puesto que hacerse con esa primera posición hasta la fecha había sido sinónimo de asegurarse el título de campeón. En la temporada 1996-97 se produjo la primera sorpresa en ese sentido, en una final a la que llegaron los dos favoritos claros, el F.C. Barcelona y el Real Madrid, que habían conseguido reunir dos plantillas de lujo.

El Real Madrid llegó a los playoffs con esa ventaja teórica que daba el haber quedado primero al final de la «regular», toda vez que los catalanes habían tenido que recuperarse de un mal inicio que le había llevado a reforzar su equipo aún más con la llegada de Djordjevic y de Jerrod Mustaf con la temporada ya iniciada. Los blancos, merced al fiasco de su temporada anterior, no habían disputado la Euroliga ese año (sí, entonces la clasificación dependía de los méritos deportivos) y a cambio habían participado en la Copa de Europa (la actual Eurocup), una competición que ganaron sin demasiadas dificultades imponiéndose en la final al Mash Verona de Mike Iuzzolino. Ya tenían un título en el bolsillo pero lo cierto es que no fue demasiado celebrado, puesto que con la plantilla que tenían no había supuesto un gran reto. Obradovic se había quedado con los jugadores que le habían funcionado la temporada anterior (Santos, Arlauckas, Morales, Smith y los dos bases, Antúnez y Laso, aunque este último no había rendido como en Vitoria) y había completado su equipo casi con lo mejor de la Liga ACB (Alberto Angulo, Herreros, Mijailov y Orenga) y con una estrella en ciernes como Bodiroga. Con semejante plantel, no había mucho que celebrar una vez conseguida aquella devaluada Copa de Europa.

Por su parte, los de Aito García Reneses ya contaban con un equipo consolidado que había conseguido las últimas dos Ligas, en el cual permanecían Esteller, Manel Bosch, Karnisovas, Xavi Fernández, Andrés Jiménez, Quique Andreu y Salva Díez (que había estado con un pie fuera con la llegada de Djordjevic al igual que Montero, que sí salió del equipo). Como el Madrid, los azulgranas habían pescado lo mejor de los equipos más destacados de la ACB, Ramón Rivas y Rafa Jofresa, además de las incorporaciones de Djordjevic y Mustaf. La guinda la ponía el prometedor Dueñas, al que Aito fue dando más protagonismo a medida que avanzaba la temporada, aprovechando que Mustaf no podía disputar la Euroliga. En resumidas cuentas, dos equipazos que estaban destinados a jugarse la ACB en la final, puesto que habían debilitado a equipos como el Estudiantes o el Baskonia haciéndose con algunas de sus piezas más codiciadas. Y así fue, ya que las eliminatorias de playoffs carecieron de la emoción de años anteriores: los blancos se deshicieron del Manresa en cuartos y del renacido Joventut en semifinales, en ambos casos por 3-0, mientras que el Barça sí tuvo que superar una bonita eliminatoria contra el Unicaja en cuartos (3-2) pero pasó menos problemas que el año anterior en semifinales contra Estudiantes (3-1).

Pese a los comentados antecedentes, la ventaja de campo no significaba en este caso un favoritismo claro del Madrid, puesto que los tres enfrentamientos que habían tenido en la temporada habían caído del lado azulgrana. Además de los dos de liga, se habían visto las caras en el partidazo de cuartos de final de la Copa, disputado en León, en el que hicieron falta dos prórrogas para decidir el vencedor. No obstante, ninguno de los dos logró conquistar la Copa y, en Europa, el comentado título del Madrid no se consideraba un gran éxito, mientras que el Barcelona había caído una vez más en la final de la Euroliga, derrota que había suscitado alguna polémica entre Djordjevic y su entrenador. En definitiva, los dos conjuntos deseaban ese título con fuerza y los dos tenían capacidad para conseguirlo. La final se presentaba apasionante.

Los cuatro primeros partidos se resolvieron en los últimos instantes, lo que fue añadiendo tensión a la serie a medida que avanzaba. Dicen que quien gana el primer partido de un playoff aumenta mucho sus posibilidades de ganar la eliminatoria y en esta ocasión el Barcelona se adueñó de esa ventaja psicológica llevándose el primer punto del Palacio de los Deportes. Bodiroga y Arlauckas opusieron resistencia por parte madridista pero el juego de los culés fue mucho más coral, con 9 jugadores anotando bajo el liderazgo de Djordjevic, con 18 puntos. El Madrid no podía viajar a Barcelona con un 0-2 en contra y se encomendó a Isma Santos para parar al base serbio. Pese a los 20 puntos conseguidos por este, el trabajo del gallego dio sus frutos en los instantes decisivos y, con mayor aportación de hombres como Herreros, Mijailov y Angulo, los blancos empataron la eliminatoria en otro partido de gran emoción.

El tercer encuentro fue el remate de la historia de igualdad que había existido entre ambos equipos toda la temporada. Si en la fase regular ya habían disputado una prórroga en Barcelona y en la Copa habían tenido que jugar dos, en esta ocasión fue un espectacular triple de Herreros el que mandó un partido más al tiempo extra, donde otra vez se impuso la mayor aportación de los secundarios azulgranas frente al tridente blanco formado por Bodiroga, Arlauckas y Herreros. El Barcelona tenía la oportunidad de sentenciar en casa pero una final así merecía un partido más, y en el cuarto se confirmó la tónica de los anteriores: el Madrid podía imponerse al Barcelona siempre que hubiera más jugadores que aportasen puntos. Como en el segundo, la ayuda vino por parte de Angulo y Mijailov para llevar la serie donde quería el Madrid: al quinto partido en su casa.

De nuevo volvía a hablarse de que los playoffs iban a acabar como todos los años, con victoria del equipo que tenía la ventaja de campo, como había sucedido en las trece temporadas anteriores. Pero con dos equipazos así todo podía cambiar y no se podía descartar una victoria azulgrana en el Palacio. Lo que no se esperaba nadie es cómo se produjo. Después de una primera mitad tan igualada como el resto de la serie, el Barcelona comenzó a adquirir pequeñas ventajas, hasta que llegó el factor que no esperaba nadie. A lo largo de la temporada, el gigante Roberto Dueñas había ido cobrando importancia en el equipo, quitándole tiempo en cancha a un Ramón Rivas que no había renido como en Vitoria (algo parecido a lo que pasaba con Pablo Laso), y en el quinto encuentro se fue hasta los 30 minutos de juego. El fuelabreño era un jugador muy condicionado por sus limitaciones físicas, con escasa capacidad de salto pero que compensaba con una gran seriedad y mucha inteligencia en la cancha. En las jugadas decisivas, cuando todo el mundo miraba a Djordjevic o a Karnisovas por parte azulgrana o a Bodiroga, Arlauckas o Herreros por parte blanca, varias jugadas acabaron con canasta del pívot del Barça, en especial en continuaciones acabadas en mate que dejaron sin respuesta a los de Obradovic, a las que sumó 12 rebotes. Casualidad o genialidad de Aíto, el caso es que aquella final pasó a la historia como la «Liga de Dueñas», el año en que por fin se rompió el factor campo en una final.

Fue la tercera Liga consecutiva del Barcelona bajo el mando de Aíto, que se sumaba a las cuatro conseguidas por el madrileño entre 1987 y 1990. Otra dinastía ACB que, sin embargo, no fue suficiente para que continuase en el banquillo azulgrana. Las polémicas con diversos jugadores como Djordjevic o anteriormente Galilea o Ferran Martínez, que salieron del club no de muy buenas maneras, o la forma de decir adiós a Montero coincidiendo con la llegada del serbio, sumadas a las derrotas en finales de la Euroliga, le granjearon un buen número de detractores entre los aficionados culés y acabaron provocando el cambio de entrenador. Manel Comas, muy ligado al propio Aíto y con una trayectoria impecable en Vitoria (y anteriormente en Badalona, Zaragoza y Granollers) parecía llegar en el momento idóneo. Pero la temporada siguiente resultaría un fiasco y Comas apenas duraría unos meses en un club que tardó sólo un año en volver a recurrir a Aíto… para seguir ganando Ligas y sumando frustraciones en la máxima competición europea.

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