Otra Copa con sorpresa

La Copa del Rey de 1998 se fue para Valencia

En los años 90, la Copa del Rey se convirtió en la cita más esperada del baloncesto español en cada temporada. El ambiente que se vive hoy en día en esos cuatro días, con la afición de los ocho equipos viajando en masa, se fraguó entonces, entre otras cosas gracias a la emoción que tuvo la competición en esos años. No hay más que ver lo variado del listado de campeones (ocho diferentes) y finalistas entre 1990 y 1999:

Barcelona: dos veces campeón y una vez subcampeón.

Baskonia: dos veces campeón y una vez subcampeón.

Joventut: una vez campeón y tres veces subcampeón.

Zaragoza: una vez campeón y dos veces subcampeón.

Estudiantes: una vez campeón y una vez subcampeón.

Real Madrid: una vez campeón.

Manresa: una vez campeón.

Valencia: una vez campeón.

Cáceres: una vez subcampeón.

Sevilla: una vez subcampeón.

En una ACB en la que también se produjeron alternativas a los clásicos Real Madrid y Barcelona, la Copa multiplicaba las posibilidades de que cualquiera de los ocho buenos equipos que la disputaban pudiera sumar un título a sus vitrinas: eliminatorias a partido único y en una fase de la temporada donde los equipos grandes aún no tenían planificado alcanzar el momento óptimo de forma. Además, se fueron produciendo resultados que fueron envolviendo a la competición del KO de varias «maldiciones», con el aliciente de ver quién era capaz de romperlas: el equipo anfitrión no conseguía ganar, ni tampoco el campeón vigente, pero tampoco el equipo que llegaba a la ciudad de turno considerado como favorito.

En ese contexto le llegó el turno a un equipo que no se había visto nunca cerca de la posibilidad de ganar un título nacional: el Valencia Basket, entonces patrocinado por Pamesa, denominación con la que  mucha gente sigue asociando al club levantino. Los valencianos habían ascendido a la ACB en 1988, el año en que se amplió la ACB nada menos que a 24 equipos, y habían permanecido en la Liga hasta el descenso de 1995. En esos años pasaron por las orillas del Turia nombres bastante conocidos como Brad Branson, Indio Díaz, Salva Díez, Larry Micheaux, Johnny Rogers… que unidos a otros con menos fama pero muy solventes como Coterón o Eduardo Clavero navegaron por la zona media de la tabla hasta el año del descenso.

Para recuperar la categoría la apuesta fue clara: jóvenes de la casa y un entrenador conocido en la zona, aunque en categoría femenina: Miki Vukovic, después de haber ganado una plata mundialista con la selección femenina de Yugoslavia, había dirigido con éxito al Dorna Godella, con cinco títulos de Liga Femenina consecutivos y dos de Euroliga. La apuesta salió bien y la andadura del Pamesa por la segunda categoría (entonces la Liga EBA) duró una sola temporada. La química entre los jóvenes valencianos (Luengo, Rodilla, César Alonso, Jesús Fernández, con la incorporación del tarraconense Berni Álvarez) se trasladó de la EBA a la ACB para conseguir un meritorio undécimo puesto con la ayuda de los fichajes extranjeros: Aaron Swinson y Johnny Rogers, que volvía a Valencia tras su etapa de dos años entre 1989 y 1991 (justo después de haber jugado en el Real Madrid).

En la siguiente temporada el grupo siguió consolidándose al mando de Vukovic, con la llegada de dos jugadores más interiores que Rogers como Sasa Radunovic y Tim Perry (buena trayectoria NBA en Phoenix o Philadephia) y la de Reggie Fox (buen complemento en Valencia y excelente después como primer espada en el Lucentum y el Gran Canaria). Con la base de nacionales del ascenso (más el prometedor aragonés Maluenda) y los cuatro extranjeros (con Radunovic como nacionalizado), empezó la temporada con un balance de 6-1 y terminó la primera vuelta con un 11-6 que le clasificó para la fase final copera por primera vez en su historia. Como debutante, viajó a Valladolid sin ninguna presión para enfrentarse en cuartos a un Baskonia que había cambiado su nombre de Taugrés a Tau y que había perdido sólo tres partidos en la primera vuelta, con un equipo bastante renovado y Sergio Scariolo en el banquillo (vídeo de Valencia Basket TaronjaTV).

Otro de los favoritos, el Real Madrid, que había empezado la temporada con fuerza pero había perdido cuatro partidos consecutivos al final de la primera vuelta, también cayó en cuartos de final contra el Fórum de Valladolid, que había entrado en la Copa por su condición de anfitrión. La competición del K.O. seguía confirmándose como un torneo de sorpresas y los equipos «pequeños» veían cómo los grandes les iban dejando el camino más despejado para poder conseguir un título de prestigio. Menos sorprendente fue la derrota del Barcelona, al que no le había salido bien el cambio de Aíto por Manel Comas, contra un Joventut pleno de autoestima después de su título de Copa y su cuarto puesto en Liga la temporada anterior.

En semifinales, el Fórum partía con la ventaja de jugar en casa y la confianza de haber derrotado a todo un Real Madrid, pero la seguridad del Pamesa no era menor tras haber vencido al que hasta entonces era el mejor equipo de la temporada. En un duelo que para ambos suponía una oportunidad única de clasificarse para una final, los de Vukovic se impusieron en los últimos minutos tras haber ido por debajo en la primera mitad. En la otra semifinal, el Joventut batió con cierta holgura al Manresa en un partido que enfrentaba a los dos últimos campeones.

En la final había un claro favorito. La clasificación del Valencia se consideraba suficiente logro para un debutante y el Joventut llevaba un año siendo la sensación de la Liga. En un renacer que duró poco (después del cuarto puesto de la temporada anterior y el sexto de esta vinieron cuatro temporadas sin clasificarse para los playoffs), los de Julbe hacían un juego muy atractivo, con una columna vertebral formada por Turner, Toolson y Beard y un Espinosa que ponía la intensidad en defensa y el espectáculo. Desde el banquillo salía Iván Corrales, que imprimía una velocidad más al juego y se entendía a la perfección con Espinosa para lanzarle alley oops o darle asistencias en contraataque. Fran Murcia, César Sanmartín, Nacho Biota y Dani García completaban la rotación de Julbe.

Miki Vukovic intentó contrarrestar la velocidad de los verdinegros con un juego mucho más pausado, dirigido por un Nacho Rodilla que vivía sus mejores temporadas como jugador. El de Lliria se encontraba en un estado de gracia que se prolongaría un par de temporadas más antes de sufir un bajón considerable, pero aquellos tres o cuatro años desde el ascenso vimos a un excelente base director y anotador que era capaz de dominar los partidos con una enorme tranquilidad.

Pese a jugar sin Swinson durante muchos minutos por sus problemas de faltas (lo que no le impidió anotar 21 puntos), los valencianos consiguieron una pequeña renta mediada la segunda parte apoyados en Rodilla, Radunovic y Berni Álvarez, otro que hizo una gran Copa. La defensa del Pamesa, liderada por Luengo y Perry, y su administración de la ventaja desesperaban a un Joventut que no podía hacer el juego rápido con el que se encontraba cómodo. Un espectacular mate de Swinson prácticamente terminó de sentenciar el encuentro.

Aquella sorprendente victoria fue uno de los primeros pasos que dio el club valenciano para convertirse poco a poco en lo que es hoy, un club grande con una afición que llena un pabellón donde, al menos cuando las cosas van bien, se crea un ambiente espectacular. El club fue subiendo escalones poco a poco, mejorando el equipo (con fichajes estelares como Rigaudeau, Oberto, Tomasevic o con el fantástico Bernard Hopkins, que sería el líder del equipo durante años), llegando a la final de la ACB en 2003, con algunas participaciones en la Euroliga y con varios títulos y finales de la segunda competición europea, se llamase Copa Saporta o Eurocup. La culminación de todo ello fue el título de Liga ACB de la temporada pasada, quizá tan sorprendente como aquella primera Copa, jugando un gran baloncesto a las órdenes de Pedro Martínez. Pase lo que pase, el Valencia Basket es ya un grande asentado en España, pero está por ver si el desencuentro que llevó al club a no renovar al técnico que semanas después iba a hacerle campeón podría convertirse en el mayor error cometido por la entidad taronja en su historia.

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