Brotes verdes

Resurgir español y oro yugoslavo en el Mundial de 1998

No hubo medalla pero las sensaciones de la selección española en el Mundial de 1998 fueron muy positivas y permitieron ver la luz al final del oscuro túnel en el que se había movido el equipo nacional en toda la década de los 90. El quinto puesto se dio por bueno (el mejor de la historia en un Mundial había sido el cuarto de 1982), ya que se tuvo en cuenta que caer derrotados contra Grecia en cuartos de final cuando hacía de anfitrión cabía dentro de lo normal. Pero la sensación general fue que la suerte de España había cambiado, ya desde el principio del campeonato. Con un sistema de competición con una primera fase de grupos de cuatro equipos en la que los resultados contaban para la segunda, dos de los tres encuentros de esa primera fase, contra Argentina y Australia, cayeron del lado español por un punto. Por suerte, por confianza, por lo que fuera, pero a lo largo de la década ese tipo de partidos solía decantarse en contra de la selección. Además, ambas victorias contaban para la clasificación del grupo de la segunda fase, por lo que la cosa no podía empezar mejor para España.

Lolo Sainz continuó con la transición que había iniciado en el Eurobasket anterior después de no haber logrado la clasificación para los Juegos de Atlanta. Herreros y Orenga eran los jugadores más experimentados que quedaban de los últimos años de Díaz-Miguel. El alero había tenido un rendimiento irregular en los dos últimos años, desde su fichaje por el Real Madrid, pero en la selección se erigió en el líder del equipo, acabando como máximo anotador del campeonato. A ellos dos se unían tres jugadores que habían estado en los dos últimos europeos, como Alberto Angulo, Alfonso Reyes y Nacho Rodríguez, importantes para construir en aquellos años el espíritu familiar que hoy en día caracteriza a la selección. Completaban el grupo de jugadores con experiencia Nacho Azofra, que había tenido una presencia esporádica en el equipo pese a su liderazgo indiscutible en el Estudiantes, y José Antonio Paraíso, destacado entre los anotadores de la ACB en Cáceres. Pero la clave del cambio de mentalidad venía de la savia nueva, por parte de un tipo de jugador más moderno, de los que España apenas había tenido hasta entonces: un base director y anotador como Nacho Rodilla, que vivía sus años de esplendor en Valencia, dos aleros altos y buenos defensores como Carlos Jiménez y Rodrigo de la Fuente, otro grandísimo defensor en el puesto de pívot como Iñaki De Miguel y un 2’20 como Roberto Dueñas. Todos ellos formaban un equipo joven que cambió la mentalidad que arrastraba el equipo español en los años anteriores, dotándole de un dinamismo y una confianza de la que hacía años que carecía.

Así, llegó una victoria más, la cuarta, en el primer partido de la segunda fase, contra Brasil. El siguiente rival era Estados Unidos, que presentaba una selección de circunstancias en año de cierre patronal en la NBA. Con jugadores que militaban en Europa (David Wood y Wendell Alexis eran los más conocidos en España, además del tirador Jimmy Oliver, que había jugado en Salamanca y Huelva, siendo Brad Miller el que más lejos llegaría después en la NBA) y algún universitario destacado como Trajan Langdon (que ocupó las últimas posiciones en la rotación de Tomjanovich), los americanos ya habían perdido contra Lituania en la primera fase antes de enfrentarse a España, pero no eran ni mucho menos un equipo fácil de derrotar, como demuestra la medalla de bronce que consiguieron finalmente. En el que seguramente fue el partido clave del campeonato, España fue por delante en el marcador durante gran parte del mismo, pero al final sucumbió por dos puntos. Pese a que enfrente no había jugadores de la NBA, se dio valor al juego y a la competitividad de España, y la primera derrota del Mundial se consideró algo normal. Los aficionados volvíamos a ilusionarnos con el equipo de Lolo Sainz.

Para acabar la segunda fase, España se enfrentaba a uno de los grandes equipos de la década, Lituania. Ya sin Sabonis, Marciulionis, Kurtinaitis ni Homicius, presentaban un equipo liderado por Karnisovas, un joven Jasikevicius y la base del Zalgiris que iba a proclamarse campeón de la Euroliga la temporada siguiente. Al igual que España, un grupo joven con un gran anotador en el puesto de alero (bueno, dos: Karnisovas y Stombergas). Con la confianza que dan las victorias y haber competido frente a Estados Unidos, los españoles sumaron una nueva victoria apoyados en un gran Herreros. Acababa la segunda fase con una sola derrota después de seis partidos y el segundo puesto del grupo, lo que «condenaba» a España a jugar contra el anfitrión en cuartos de final.

El partido contra Grecia no fue tan brillante como los anteriores pero en todo momento estuvo igualado y España mantuvo el tipo en un ambiente adverso. La defensa de Sigalas sobre Herreros y algunos tiros de un grandísimo jugador como Fragiskos Alvertis decantaron el partido en los últimos tres minutos. Grecia se había mantenido entre los mejores equipos de Europa durante toda la década y su condición de local le dio la ventaja definitiva. Aunque España no acabó bien el partido, la derrota no empañó su buen papel en el torneo, refrendado con dos victorias mas contra Lituania e Italia para acabar en quinta posición. Por primera vez en muchos años, el futuro se presentaba esperanzador para la selección.

En cuanto al resto del torneo, Yugoslavia completó un ciclo fantástico de cuatro años con dos oros europeos, uno mundial y una plata olímpica. Con el mismo bloque que en el Eurobasket del año anterior, con Djordjevic, Bodiroga y Rebraca como líderes, aunque sin Danilovic, esta vez pasó alguna que otra dificultad, perdiendo contra Italia en la primera fase por un punto y sin arrollar en ninguno de los tres partidos decisivos, contra Argentina, Grecia y Rusia. Por su parte, Estados Unidos pasó apuros en casi todos los partidos, sufriendo en cuartos de final contra Italia y debiendo conformarse con la medalla de bronce al caer en semifinales contra Rusia. Los rusos mantenían el grupo de jugadores que les dio cuatro medallas a lo largo de la década y plantaron algo más que cara a los yugoslavos en la final, pero finalmente los plavi se colgaron un nuevo oro.

La final siguió la tónica de las de los últimos años en Europa, con los dos equipos superando a duras penas los sesenta puntos. Una pena vista la nómina de jugadores que había en cancha. Yugoslavia, a las órdenes de Obradovic como el año anterior, se hizo con una nueva medalla de oro que supuso la culminación de una época de dominio total en el baloncesto FIBA: considerando los años dorados previos a la sanción de la ONU y este periodo entre 1995 y 1998,  desde 1988 acumularon cinco oros europeos y dos mundiales, más las dos platas de los dos Juegos Olímpicos en los que participó. A partir del año siguiente cambiarían muchas cosas, tanto en cuanto a los dominadores de las competiciones de selecciones como en el estilo de juego, con marcadores más abultados, empezando por la Euroliga de 1999, que tendría un ganador inesperado que, afortunadamente, exhibió un juego más arriesgado y atractivo que los campeones anteriores.

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2 comentarios en “Brotes verdes

  1. Magnífico comentario, César. Y me has hecho recordar el partido contra Lituania y el cruce contra Grecia. Como bien dices, el 98 fue punto de inflexión, pues en el 99 España sería plata -con aquel marcaje de De Miguel a Sabonis en los cuartos- y, tras el bache de Sydney, empezaría en 2001 la época gloriosa con un bronce.

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  2. Gracias, Ralph. He querido hacer hincapié en el cambio de mentalidad que supuso la incorporación de jugadores como Carlos Jiménez, que luego sería clave en los éxitos del nuevo siglo, y otros como De la Fuente o De Miguel. También hay que dar mérito a los Herreros, Angulo, Rodríguez, Reyes… que aguantaron el chaparrón durante la década de los 90 y algunos de ellos no tuvieron recompensa en forma de medallas.

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