El señor de las Ligas

Octava ACB en doce años para el Barça y para Aíto

La Liga ACB estuvo marcada por un nombre propio entre 1987 y 2001, el de Aito García Reneses, que se especializó en esta competición por encima de cualquier otra. Si bien en la primera mitad de los años ochenta el equipo catalán había cosechado muchos títulos de Copa y algunos de Recopa, a partir de la temporada 1986-87 el Barcelona protagonizó una dinastía que duró quince años, doce de ellos con el madrileño en el banquillo, en los cuales conquistó nueve títulos.

Si bien el lunar que se achaca a García Reneses es que no pudo conquistar el gran objetivo del club culé en aquellos años, la Copa de Europa (olvidando muchas veces la gran cantidad de finales y semifinales que disputó con el técnico), no se puede negar que se movía con maestría en una competición larga y culminada con series de playoffs por el título. En la que vamos a repasar a continuación, la de 1999, siguió la pauta que le había llevado al éxito anteriormente, empezando con algunas derrotas en las primeras jornadas para acabar la temporada en el mejor estado de forma posible, lo que normalmente significaba no ganar la Copa del Rey y, quizá, pudo privarle de alguna de las Copa de Europa en las que alcanzó la final.

En esta ocasión sí ganó el título europeo que le tocó disputar, aunque no fue la ansiada máxima competición continental. Después de una mala temporada anterior, con año sabático de Aíto, los catalanes no obtuvieron el billete para la Euroliga (que entonces, qué curioso, se conseguía exclusivamente por méritos deportivos), y pasaron un año más tranquilo en Europa disputando la Copa Korac. Una competición menor si tenemos en cuenta que la plantilla del Barça era de las más completas de Europa, con fichajes estrella como los de Gurovic, Alston o Rentzias (este llegado en la temporada anterior) , unidos a la buena nómina de nacionales con los que ya contaban los azulgranas: Dueñas, Xavi Fernández, Esteller, Nacho Rodríguez, Rodrigo de la Fuente, además de Sasha Djordjevic… para colmo, empezaban a asomarse al equipo Pau Gasol y Juan Carlos Navarro (este último con más frecuencia), en un equipazo que, pese a todo, tuvo que salvar diecisiete puntos de desventaja en la eliminatoria de cuartos contra el Siena y diecinueve en la final contra el Estudiantes.

Con los playoffs llegaba el momento de Aíto. El Barça se hizo con la primera posición de la temporada regular en las últimas jornadas, por delante de un Madrid que la había dominado desde el principio pero que se desinfló a medida que se acercaba el final de temporada. Los azulgranas tendrían ventaja de campo en cualquier enfrentamiento que les deparase la final, pero éste no iba a ser contra el eterno rival. En semifinales el Caja San Fernando de Imbroda, la revelación durante todo el año, se llevó dos victorias de Madrid y remató la eliminatoria venciendo el cuarto partido en Sevilla, con una gran defensa, bajo el liderazgo de Andre Turner y con especial protagonismo de Nacho Romero, un pívot salido de la cantera madridista que se destapó como especialista en el triple y fue pieza clave en la enorme temporada de los sevillanos, lo cual le valió su presencia en el Eurobasket de 1999 con la selección de Lolo Sáinz.

Pero el Barcelona había puesto la directa e iba a por el título sin contemplaciones, derrotando al Girona Gavis por 3-0 (aunque los de Trifón Poch presentaron batalla, en especial en el primer encuentro) y por el mismo resultado al Estudiantes en semifinales. Los Barcelona-Estudiantes eran un clásico de la ACB, con bonitos enfrentamientos en algunos playoffs recientes, pero en esta ocasión los del Ramiro de Maetzu no plantaron tanta cara como en otras ocasiones y como en la final de la Korac, cediendo en tres partidos con superioridad azulgrana en todo momento.

Dentro de la gran plantilla de la que disponía Aíto destacaba un hombre que pasaba por los mejores años de su carrera: después de hacerse con la Liga ACB dando un extraordinario rendimiento en Manresa (y antes con la liga turca con el Efes Pilsen), Derrick Alston culminaba gran parte de los ataques azulgranas, además de ayudar en defensa intimidando a sus pares y saliendo a taponar en las ayudas, lo que daba una gran tranquilidad a sus compañeros. En la final se mantuvo ese protagonismo en los tres partidos, en los que el Caja San Fernando no pudo contra la fortaleza del equipazo azulgrana. Como en toda la temporada, Imbroda intentó mantener el ritmo de juego bajo mínimos, pero los de Aíto, con repuestos de lujo en todas las posiciones, podían mantener la intensidad durante los cuarenta minutos. Los dos primeros partidos en el Palau se saldaron con victoria culé, ambas por catorce puntos de diferencia.

En el tercer choque el Caja San Fernando confiaba en poder forzar algún partido más con alguna victoria en su casa. Como había sucedido en la final del 96, desde la cual solamente permanecía en el equipo Richard Scott, los sevillanos llegaron faltos de gasolina y se impuso la mayor profundidad de banquillo de los azulgrana. Turner y Scott jugaban gran parte de los minutos, a diferencia de los jugadores del Barça, entre los cuales sólo Alston pasaba de los 30 minutos. Veteranos como Salva Díez o Manel Bosch ponían la experiencia para desarrollar el juego que quería Imbroda, mientras que tiradores como Anderson Schutte, Jacobo Oriozola o Mike Smith (ya no tan explosivo como antaño pero con mejor porcentaje de triples), además del citado Romero, estaban listos para lanzar en los últimos segundos de posesión, con Scott y Kornegay luchando por los rebotes. Finalmente el estado de gracia de Alston se impuso también en el tercer partido, aunque los sevillanos llegaron a los últimos minutos con algunas opciones. Con apenas 60 puntos en el último partido, el Barcelona culminó unos playoffs con nueve victorias y ninguna derrota.

Era la octava Liga del Barcelona en trece años, las ocho con Aíto García Reneses en el banquillo. Pese a que entre la propia afición del Barcelona había un sector que no veía con buenos ojos al madrileño y que le culpaba de las derrotas que año tras año cosechaban en la Copa de Europa primero y en la Euroliga años después, el dominio de la Liga ACB por parte del técnico era casi abrumador, aunque siempre con grandes jugadores a su disposición. Hay que recordar que, de las cinco ligas que no ganaron los culés en esos trece años, solamente en las de 1993 y 1994, ganadas por el Madrid de Sabonis, el entrenador azulgrana era Aíto, puesto que en 1991, 1992 y 1998 había dejado su puesto para descansar o para ocupar un puesto en los despachos azulgranas. Lo que está claro es que, tanto entonces como en su carrera posterior, menos controvertida, ha sido un entrenador vital para entender el desarrollo del baloncesto español en los últimos cuarenta años.

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