El Petrovic más arrollador y pendenciero

Petrovic Del Corral

Los enfrentamientos Cibona – Real Madrid de 1985

Después de los Juegos de 1984, el segundo recuerdo que tengo de un partido de baloncesto también es algo vago. Aún era pequeño y no seguía las competiciones, pero me han quedado en la retina los últimos minutos de un enfrentamiento Cibona – Real Madrid de la antigua Copa de Europa que debían de estar retrans

mitiendo por TVE mientras yo andaba merendando o jugando con mis muñecos.

Pudo ser en el partido que os muestro aquí o en otro de la temporada siguiente, pues se vieron las caras varias veces en esos años, pero tengo grabado en mi memoria a los hermanos Petrovic celebrando la victoria cuando quedaban pocos segundos, pasándose el balón, sonrientes y mareando a los defensores madridistas. En este vídeo, desde luego, se ve a los blancos desquiciados (en especial Iturriaga y Fernando Martín, pero también el más calmado Jackson), no hay más que ver los últimos dos minutos de partido para comprobar las reacciones de frustración de los madridistas.

Cuenta Iturriaga en su libro Antes de que se me olvide que, tras uno de estos partidos y en el camino al vestuario, Fernando Martín le tendió la mano a Petrovic para zanjar lo ocurrido en el campo y éste le obsequió con un escupitajo en la cara y varios compañeros tuvieron que parar al madrileño para que no se la emprendiera a golpes con el croata.

Después de los dos enfrentamientos de aquella maravillosa liguilla que se jugaba en los 80 entre los campeones de las mejores ligas europeas, a la que dedicaremos un capítulo próximamente, el Real Madrid confiaba en tomarse la revancha en la final, a la que llegaron ambos equipos. Pero el resultado volvió a ser el mismo: victoria de los azules y recital de su número diez, perseguido por unos defensores blancos que no podían con aquel joven descarado y provocador.

En el momento del boom, en el que en España se televisaba casi todo y todo en abierto, Petrovic estuvo, entre 1984 y 1990, en cinco finales europeas de clubes (Copa de Europa, Recopa o Copa Korac, con la Cibona o el Real Madrid) y subió al podio en seis competiciones de las siete que disputó con la selección yugoslava (además de disputar la final de la NBA de 1990 con los Blazers). Si a eso le añadimos su enorme capacidad de anotación y su carácter provocador, está claro que estamos ante el gran personaje de esos años en Europa. Pero repasando su carrera, yo me quedo con el Petrovic posterior a 1990, el del pelo corto, el que jugaba de base con la maravillosa selección plavi de 1989 y 1990, el que daba más asistencias sin dejar de ser el tirador letal que fue en los Nets, el que lideró a Croacia en los Juegos de Barcelona 92. Da la sensación de que la edad y los minutos de banquillo en Portland, le hicieron rebajar un poco el nivel de chulería (sin llegar a ser nunca un santo), aunque sin dejar nunca de vivir el baloncesto con una enorme pasión.

Pero de ese Petrovic ya tendremos tiempo de hablar y veremos sus partidos, de momento veamos la versión más joven, pendenciera y arrolladora del Mozart del baloncesto.

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