Cambio de ciclo

El primer año del Superbarça (1986-87) (1)

Schultz (2)

En el verano de 1986 el Barcelona hizo un par de movimientos que empezaron a convertirle en el gran dominador del baloncesto español y en uno de los grandes candidatos al título de campeón de Europa en los cuatro años siguientes. Fueron el fichaje de Andrés Jiménez y la nacionalización de Steve Trumbo, que llevaba tiempo persiguiendo.

Jiménez, junto con Fernando Martín había cambiado la cara a la selección española, que empezó a competir con las grandes potencias mundiales a partir de 1980. Había estado a las órdenes de Aito García Reneses en el Cotonificio y en el Joventut de Badalona, factor que seguramente facilitó su fichaje por los azulgranas. Por otra parte, contar con Trumbo (máximo reboteador de la liga en Valladolid) sin que ocupara plaza de extranjero posibilitaba usar una de esas plazas en un jugador exterior (Kenny Simpson), permitiéndose el lujo de tenerlo de reserva de Epi y Sibilio. Ambos fichajes interiores relegaron al banquillo al legendario Juan De la Cruz.

Empezó a hablarse del “Superbarça” como favorito a ganar todos los títulos. Pese a que empezó la temporada con algunas derrotas inesperadas (como ante el recién ascendido Oximesa de Granada), la máquina se fue engrasando poco a poco para llegar en buenas condiciones a la Copa del Rey disputada en Las Palmas. En la final se enfrentó al que sería su máximo rival ese año en la liga, el Joventut, en un partido muy igualado y con muchos puntos. De la Penya, uno de los equipos más atractivos de ver en los 80, ya hablamos en una entrega anterior y lo haremos también en la próxima.

El Barça tomó el relevo del campeón de Liga y Copa la temporada anterior, el Real Madrid, que tuvo varios contratiempos de los que no supo reponerse: el más importante, la marcha de Fernando Martín a la NBA, a quien, incomprensiblemente, no sustituyó por otro jugador. Fernando Romay pasó a ocupar el puesto de titular y demostró que sabía hacer más cosas de las que estábamos acostumbrados a verle. Pero faltaba alguien que  saliera del banquillo y se confió en Rullán, otra leyenda que el año anterior prácticamente ya no jugaba nada. Mediada la temporada se hizo patente que necesitaban otro jugador interior y ficharon a Cargol, que aún era excesivamente joven.

Otra decisión que no salió bien fue confiar el puesto de base suplente a Biriukov, que con los años demostró ser un gran escolta pero no tenía nada de base. Al final el Madrid acabó tirando del joven Ruiz-Paz, que daba algunos minutos de refresco a Corbalán. En cuanto a los extranjeros, Wayne Robinson fue sustituido por Branson, menos espectacular que su compatriota pero que lo hizo bien, y Townes por Larry Spriggs, seguramente otra de las malas decisiones de la Casa Blanca. Es curioso que tanto Corbalán como Iturriaga hablan maravillas de Spriggs en sus libros, y sus números no fueron del todo malos, pero sus porcentajes de tiro exterior eran pésimos, sobre todo en comparación con sus antecesores, Jackson y Townes. Todo ello hizo que el Madrid bajase bastantes enteros pero, como se puede ver en este partido de la semifinal liguera, conservaba su orgullo de campeón y solía competir hasta el final de los partidos, tanto en la ACB como en la Copa de Europa.

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