Un genio vino a vernos

El Partizan arrebató la primera Liga Europea al Joventut

Aleksandr Djordjevic evitó con una jugada reservada a los genios que el Joventut se alzase con la primera edición de la Liga Europea (lo que actualmente conocemos como Euroliga) y completase una gran temporada 1991-92 en la que sí conquistó el título de Liga.

Aquel año empezaron a cambiar algunas cosas tanto en el baloncesto europeo como en el español. La vieja Copa de Europa en la que participaban sólo los campeones nacionales dio paso a una atractiva competición con varios participantes de cada país, en función de la importancia de cada Liga. España contó en la primera edición con tres participantes, con la sorpresa de que el Real Madrid no se encontraba entre ellos. Cuando todavía contaban los méritos deportivos para participar en la máxima competición continental, los blancos se quedaron fuera después de dos temporadas llenas de problemas a raíz de la muerte de Fernando Martín. Tuvo que conformarse con disputar la antigua Recopa, confusamente rebautizada como Copa de Europa, una competición que empezaba a perder nivel con respecto a los años anteriores. Sin embargo, aún quedaba algún buen equipo como el PAOK de Salónica, contra el que disputó la final, en una temporada en la que los madridistas empezaron a salir de la depresión con este título y disputando la final de la ACB. La jugada de Ricky Brown que decidió aquella final quedó en la memoria de todos (vídeo de Cobi Sobrino).

Por su parte, la nueva Liga Europea tenía un aire de modernidad, con oportunidad de ver más equipos y con varios enfrentamientos interesantes cada semana. Los equipos españoles tuvieron un papel destacado desde el principio, con el Estudiantes exhibiendo en Europa su gran momento en la competición doméstica y llegando a las semifinales en el que supuso el mayor hito de su historia. El Barcelona tuvo más altibajos, en la primera temporada en mucho tiempo en la que no disputó ninguna final. Con Norris y Jimenéz lesionados gran parte de la temporada, en la última temporada en activo de Solozábal los azulgranas llegaron a cuartos de final en Europa y fueron eliminados por la Philips de Milán de Antonello Riva, Johnny Rogers y Darryl “Gorilla” Dawkins.

Pero uno de los grandes protagonistas de la temporada en Europa fue el Joventut de Lolo Sáinz. Tras proclamarse campeón de Liga en 1991, comenzó la nueva campaña con ganas de mostrar a Europa que se había convertido en un grande, venciendo los ocho primeros encuentros y presentando su candidatura a ocupar el trono continental. Aunque tuvo un bache hacia el final de la fase regular, llegó a la eliminatoria de cuartos como uno de los favoritos, pero debía superar a la histórica Cibona para pasar a la Final Four de Estambul. Los croatas, en la era post-Petrovic, tenían un equipo repleto de buenos jugadores, algunos de la etapa anterior (Cveticanin, Arapovic, Cutura o Sunara) y otros más jóvenes (Alanovic, Mrsic, Radulovic o Sobin). Una de las grandes dificultades de aquella eliminatoria a tres partidos era que el primer partido se disputaba en cancha del equipo con desventaja de campo, en este caso la caliente pista de Zagreb. Aunque los equipos yugoslavos, en plena guerra, habían jugado toda la temporada como locales fuera de su territorio (la Cibona, en La Coruña), volvieron a casa para el primer encuentro de la eliminatoria, el primero que se disputaba en la recién independizada Croacia.

(Aquí el vídeo de la segunda parte.)

Tras superar un difícil primer partido, los de Lolo Sáinz no tuvieron tantos problemas para cerrar la eliminatoria en el segundo en Badalona. Pese a la lesión de Ferran Martínez en la parte central de la temporada, bien suplido por Morales y Ruf, la Penya ya había hecho historia al clasificarse entre los cuatro mejores de Europa. Pero en Estambul tenían la oportunidad de dar un paso más y querían ser campeones. Mientras que en la otra semifinal se enfrentaban el Partizan frente al favorito Philips de Milan (una vez más se cometía el error de menospreciar a un joven equipo yugoslavo), la FIBA, que aún organizaba la competición, decidió que dos equipos del mismo país no podían disputar la final y enfrentó por decreto al Joventut y al Estudiantes. Lo curioso es que los cuatro equipos presentes en Estambul habían coincidido en el mismo grupo de octavos de final, y el Joventut había quedado primero y el Estudiantes segundo.

(En este enlace tenéis la segunda parte y en éste, el partido con una imagen más limpia y narrado en catalán.)

Los madrileños llegaron a Estambul con el título de la Copa del Rey en el bolsillo y con la satisfacción de haber logrado un triunfo histórico clasificándose para la semifinal. Con el mismo espíritu viajaron los aficionados estudiantiles, que convirtieron el duelo español en una fiesta. Cuando el Joventut, más concienciado, hubo encarrilado el partido ya antes del descanso, lo más interesante estuvo en la grada, con las dos aficiones hermanadas y demostrando al mundo que el deporte se puede vivir sin dramas (muy interesante el alegato de Pedro Barthe al final del encuentro).

En la otra semifinal ganó, oh sorpresa, de nuevo un equipo yugoslavo lleno de jóvenes jugadores y sin extranjeros. Si la Cibona había sido acogida por La Coruña para sus partidos como local, el Partizan recibió el apoyo de la ciudad de Fuenlabrada durante toda la temporada (aquí podéis ver el programa Informe Robinson donde se cuenta la historia y aquí un Partizan-Joventut celebrado en la localidad madrileña). Como los de Zagreb, los serbios pudieron disputar la eliminatoria de cuartos en su ciudad, cargándose a la Knorr de Bolonia, primera de su grupo y uno de los grandes equipos europeos de los 90 (aquel año con Zdovc y el ex Bulls Bill Wennington como extranjeros y grandes jugadores italianos como Brunamonti, Coldebella, Binelli o Morandotti).

La final fue emocionantísima. En los serbios los jefes eran los dos Sasha, Djordjevic y Daniolvic, que con 24 y 22 años jugaban todos los minutos posibles y marcaban el ritmo del juego. Otros jugadores de calidad eran Nakic y los jóvenes Loncar y Rebraca, aunque estos dos todavía no tenían un papel relevante por su aún extrema juventud. El trabajo sucio era para el base Dragutinovic y los interiores Stevanovic, Koprivica y Silobad. Enfrente el Joventut, con un equipo casi idéntico al campeón de Liga de 1991: los hermanos Jofresa, Villacampa, Pressley, Corny Thompson, Morales, Ruf y un Jordi Pardo que tuvo un papel más importante aquella temporada. Las lesiones que sufrió Ferran Martínez durante toda la temporada no le permitieron participar en Estambul.

Si alguien pensaba que los de Belgrado ya habían hecho bastante eliminando a los dos transatlánticos italianos (todavía entonces los equipos de la Lega tenían mucho dinero y confeccionaban grandes equipos), en la primera parte hubo que recular, pues llegaron con seis puntos de ventaja al descanso. Al estilo de la Jugoplastika, los balcánicos no entendían de favoritismos y, bajo el mando de un Zeljko Obradovic que apenas unos meses antes compartía vestuario y cancha con sus jugadores, volvieron a romper todos los pronósticos.

Después de ir todo el partido a remolque, la Penya consiguió igualar el partido en los últimos minutos, gracias a su experiencia y al papel de revulsivo que solía desempeñar Tomàs Jofresa. El final del encuentro es de los más emocionantes que se ha vivido en una final europea y os dejo que lo disfrutéis sin contároslo por si alguien no lo vivió o no se acuerda.

Aquella acción de Djordjevic fue considerado por algunos como un churro y, por otros, como una jugada que sólo puede protagonizar un genio. Quizá entre los primeros había muchos que deseaban ver triunfar al Joventut, pero con el tiempo ha quedado más bien como una maravilla de las que sólo unos pocos jugadores son capaces: el control del reloj para llegar a la línea de tres en escasos segundos, la sangre fría para equilibrar el cuerpo en el aire y sacar un tiro en una posición tan difícil… Un jugador que luego demostró todo su talento en Italia y España y liderando a la selección yugoslava, con una especial capacidad para resolver en los instantes finales.

La forma de perder aquel partido fue un mazazo para el equipo catalán que, pese a llevar una excelente temporada, había sido eliminado en cuartos de la Copa del Rey y se había quedado a las puertas de proclamarse campeón de Europa. Por delante tenía el reto de repetir título de Liga en España, para lo cual debía superar el golpe y batir a rivales tan complicados como el Estudiantes y el Real Madrid de aquel año. Lo veremos en el próximo artículo.

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