Chinazo y paseo americano

Nueva decepción española en el Mundial de Toronto

En el Campeonato del Mundo de 1994, celebrado en Toronto (Canadá), se repitieron algunas de las pautas que habían marcado los torneos internacionales de los dos años anteriores. Estados Unidos había recuperado la hegemonía al recurrir a jugadores de la NBA y, después del brillante oro olímpico conseguido en Barcelona, corroboró su dominio en este Mundial con un equipo que repasaremos más adelante. Rusia y Croacia subieron al podio como en el Eurobasket anterior y España volvió a sufrir una enorme decepción al caer con estrépito en la primera fase pese a un inicio prometedor con partidos realmente buenos. Igual que un año antes en Alemania.

Empecemos por España. La eliminación en cuartos de final un año antes se consideraba un accidente y Lolo Sainz seguía al frente de la selección, sin motivos para cambiar excesivamente un equipo que había funcionado muy bien en el Eurobasket hasta el día del “Welpazo”. Aunque no pudo contar con Antonio Martín, Sainz contaba con un pívot solvente y muy anotador como Ferran Martínez, al que acompañaban en el juego interior jugadores duros como Orenga y Andreu y el talentoso Rafa Vecina, que venía de hacer dos grandes campañas con el Estudiantes. Aunque con algunos minutos para Pep Cargol, el puesto de alero alto era propiedad de Andrés Jiménez, que siempre cumplía con creces con la selección, mientras que el de escolta estaba perfectamente cubierto con Herreros, Villacampa y Epi. Para el puesto de base, Sainz depositaba en Rafa Jofresa toda la confianza que se había ganado cuando estaban juntos en el Joventut, con Laso dándole descanso y Antúnez como tercer base para recurrir a él en busca de defensa. En definitiva, un equipo el de aquellos dos años que no se corresponde con los resultados obtenidos, como demuestran algunos de los buenos partidos que hizo en ambos campeonatos. En mi opinión, algunos jugadores, como Laso y Vecina, no se adaptaban bien al papel de secundarios, acostumbrados a ser muy importantes en sus clubes.

España empezó el Mundial con un pequeño trámite, en el que la derrota estaba prácticamente asegurada contra el potente y, sobre todo, muy físico equipo estadounidense. Muchos tildaron a aquel equipo americano de sucedáneo del “Dream Team” pero lo cierto es que llevaron una plantilla digna de un All Star, con muchos jugadores jóvenes que hicieron gran parte de su carrera en los 90 acompañados de otros más veteranos como Joe Dumars y Dominique Wilkins. El resto, todo nombres ilustres con los que se podía atisbar que la NBA se dirigía a una época donde el físico iba a marcar la diferencia: Shaquille O’Neal, Shawn Kemp, Alonzo Mourning, Larry Johnson o Derrick Coleman imponían su capacidad atlética aunque el equipo no estaba tampoco exento de talento con Mark Price, Kevin Johnson, Reggie Miller, Dan Majerle o Steve Smith.

España no tiró el partido ni mucho menos y salió con descaro a demostrar al mundo que seguía perteneciendo a la elite, con Villacampa como gran protagonista con la ayuda del resto del equipo, con todos sus componentes anotando al menos un punto. Así consiguieron que los americanos no se despegaran en exceso en el marcador y terminando el partido con 115-100 y una imagen extraordinaria en un partido muy divertido. Pero el partido importante era el siguiente. Pensando que se vencería a China sí o sí, sin tener en cuenta que los asiáticos habían ganado a Brasil en la primera jornada y podían ser peligrosos, los de Sainz llegaron al campeonato con el partido contra los brasileños entre ceja y ceja. Los sudamericanos mantenían a algunos jugadores de su gloriosa generación de los 80, aunque no contaban en esta ocasión con el gran Oscar Schmidt. A cambio, contaban con su teórico sustituto, Rogerio Klafke, que jugaba en su posición pero poco tenía que ver con “Mao Santa”. Lo cierto es que contra España Klafke jugó apenas 14 minutos. España, con el último gran servicio de Epi a la selección (18 puntos en momentos decisivos, acompañado por los 21 de Herreros), se deshizo de los brasileños en los últimos minutos y se las prometía muy felices de cara a la segunda fase.

Pero esa segunda fase nunca llegó, al menos la que se disputaba por los ocho primeros puestos. Después de llegar al descanso contra China con una diferencia a favor de 20 puntos, España sufrió un descalabro histórico para acabar perdiendo por 76-78. El partido puede encontrarse en YouTube pero me niego a enlazarlo y a verlo de nuevo. Todavía duele. Cabe dentro de lo posible subestimar a un equipo al que consideras inferior, pero es difícil explicar cómo se puede perder una ventaja de 20 al descanso. Una decepción más grande si cabe que la de Angola en el 92, porque entonces se sabía que España no estaba haciendo un buen torneo y tenía un equipo desequilibrado. Pero en el 94 la selección había dado motivos para la esperanza.

El Mundial continuó con un equipo estadounidense que, según las crónicas, no enamoraba pero sí dejaba un buen número de jugadas espectaculares merced a la exuberancia de los O’Neal, Kemp y compañía. No se esperaba que ninguna selección les arrebatase el oro pero sí que quizá la Croacia de Kukoc y Radja pudiera competirles en una hipotética final. Una segunda fase sin sorpresas dio paso directamente a las semifinales, donde los de Don Nelson se deshicieron de una Grecia ya sin Gallis que compitió hasta el descanso.

En la otra semifinal, se esperaba mucho de Croacia pese a que habían quedado por debajo de Rusia en el Eurobasket del 93. La fama de Kukoc y Radja, que ya jugaban en la NBA, estaba por encima de la de los jugadores rusos y la derrota del año anterior se atribuyó a la depresión de los croatas por haber perdido a Drazen Petrovic unas semanas antes. Además, también contaban con Komazec, Vrankovic, Mrsic o Cvjeticanin. Fuera porque aún les dolía la ausencia del de Sibenik o porque no encontraban a quién recurrir en los momentos difíciles, o simplemente porque el equipo ruso formaba un bloque compacto de jugadores que hicieron una gran carrera después, fueron estos últimos los que pasaron a la final, dejando a los croatas el partido por el bronce que los aficionados considerábamos poca cosa para ellos.

Rusia llevaba dos años plantándose en la final de un gran torneo sin partir como favorita, dirigida por el legendario Sergei Belov y con jugadores herederos de los grandes soviéticos de los 80 pero que aún no eran conocidos para el gran público. Algunos de ellos, como Mikhailov, Fetissov, Bazarevich o Babkov, encontraron acomodo en España, donde demostraron su calidad. Otros, como Koudelin, Karassev, Panov o Nosov, llevaron al CSKA a la Final Four de la Euroliga en 1996, poniendo el germen de lo que es hoy el club moscovita. Pero en la final del Mundial no tuvieron ninguna opción ante los estadounidenses. El partido fue una sucesión de mates y tapones de los de Nelson, frente a unos rusos que parecieron contentarse con la medalla de plata.

El juego americano decepcionó a los que los comparaban con el “Dream Team”, pero es que ningún equipo que pudiera formarse entonces puede compararse con aquel. En los 90 nos esperaba otra cosa en la NBA, con un montón de buenos jugadores, algunos de los cuales estaban en aquella selección del 94, pero la era de los Bird y Magic Johnson se había ido para no volver. Cada época tiene sus cosas buenas y aquel mal llamado “Dream Team II” era un reflejo de la nueva etapa del baloncesto en la NBA, no exenta de calidad pero donde el físico empezó a convertirse en imprescindible para ser una estrella.

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