El infalible Xavi

El Barcelona repitió título ACB en 1996

Una de las cosas que más me atraen del baloncesto son esos jugadores que aparentemente no tienen las condiciones para convertirse en estrella pero que son capaces de dominar partidos e incluso de ganar campeonatos para sus equipos. A priori, los jugadores más fuertes o con mayor salto tienen ventaja sobre los demás, pero de vez en cuando aparece alguien sin grandes condiciones atléticas, no muy rápido y que apenas pueden tocar el aro en el mayor de sus saltos, que te gana por su forma de jugar fácil, fluida, inteligente. Uno de esos jugadores que se convirtió en mi debilidad durante los años de su máximo esplendor fue Xavi Fernández, que se convirtió en el mejor jugador de la final de la Liga ACB de 1996, la segunda consecutiva del Barcelona. Un jugador al que le costó llegar a la élite desde L’Hospitalet y que, tras un único año en la cantera del Joventut, como junior, tuvo que salir de Cataluña para hacerse un hueco, convirtiéndose en la estrella nacional del Elosua León que subió a la ACB en 1990 y fue la revelación de la Liga en los años siguientes. Sus cinco temporadas en León (con Reggie Johnson, Xavi Crespo o Raymond Brown como compañeros más destacados) le valieron para fichar por el Barcelona, donde fue titular indiscutible y tuvo varias temporadas a gran nivel hasta que le llegó el bajón físico con poco más de treinta años.

El Barça se presentó al inicio de la temporada como vigente campeón y máximo favorito, con varias incorporaciones entre las que destacó desde el principio el lituano Arturas Karnisovas, que empezó la Liga con una exhibición en su primer partido en España: 33 puntos contra el Baskonia. Pese a perder dos de los cinco primeros partidos, los de García Reneses pronto demostraron que su plantilla era la máxima candidata a ganar no sólo la ACB, sino todas las competiciones que iba a disputar esa temporada. El Real Madrid, el Unicaja y el Estudiantes fueron los equipos que le acompañaron en las primeras posiciones al final de la temporada regular.

El profundo fondo de armario de los culés, con once jugadores de garantías y varios que podían ocupar varias posiciones, casi les obligaba a quedar campeones de todo, pero cayeron de forma sorprendente en la final de la Copa del Rey y de forma traumática en la final de la Liga Europea, después de una brillante temporada en la máxima competición continental. Las derrotas en ambas finales contra el TDK Manresa y el Panathinaikos, respectivamente, les dejaron la ACB como única posibilidad de ganar un título, llegando a los playoffs con la única posibilidad de ser campeones para salvar la temporada. Una plantilla formada por Montero, Galilea, Salva Díez, Xavi Fernández, Karnisovas, Manel Bosch, Andrés Jiménez, Darryl Middleton, Dan Godfread, Ferran Martínez y Quique Andreu estaba obligada a ganar, al menos, la Liga ACB, en una época en la que, sin embargo, costaba mucho sudor ganar cada partido en la competición española. Y así fueron los playoffs para los de Aito, en especial las dos primeras eliminatorias.

Después de acabar primeros en la temporada regular, en cuartos de final les esperaba un Baskonia (Taugrés) que había tenido algunos problemas de lesiones y que se había centrado toda la temporada en ganar la competición europea que le había sido esquiva tras alcanzar la final en dos ocasiones (Copa de Europa, la llamaban… vamos, la Eurocup de ahora). Todo ello les relegó a la octava plaza, pero en ellos habitaba ya el carácter Baskonia y lo demostraron ganando el primer partido en el Palau y compitiendo (92-98) en el segundo en Vitoria. En el tercero y definitivo, el Barça ya impuso su ley, imponiéndose holgadamente en su casa. En semifinales les esperaba otra guerra.

Su rival, el Estudiantes, que no se había clasificado para la Copa, fue mejorando con el paso de la temporada hasta quedar cuarto de la regular. Tras superar en cuartos al Amway Zaragoza de los Angulo, Pepe Arcega, Andre Turner o Fran Murcia, llegaron a la semifinal contra el Barça con ganas de dar guerra, y vaya si la dieron. Después de dos partidos en Barcelona donde parecía que los catalanes pasarían fácilmente, el equipo que ya dirigía Pepu Hernández protagonizó dos partidazos en el Palacio de los Deportes de Madrid.

Los estudiantiles mantenían a varios de los pilares que les habían dado su año de gloria en el 92, con el título de Copa y la clasificación para la Final Four de la primera Liga Europea: Azofra y Herreros casi en su plenitud, Orenga como baluarte defensivo interior y Juan Aisa saliendo del banquillo. La pareja extranjera Winslow-Pinone tuvo unos buenos sustitutos en el gran Chandler Thompson y en Mijail Mikhailov. Además, se adaptaron a la tendencia de contar con un buen quinteto suplente acudiendo al recurso más habitual del Estudiantes: la cantera, dando responsabilidad a Iñaki De Miguel y Carlos Jiménez, que subían el nivel defensivo del equipo. La plaza de tercer extranjero, recién aprobada en la ACB, la aprovecharon en el puesto de base, con el «Conguito» Jennings, que llegó como temporero y se adaptó a la perfección al juego alegre de los colegiales.

El tercer y el cuarto partido fueron muy parecidos, con Azofra al mando, Chandler Thompson combinando calidad y espectáculo y los del Ramiro moviendo el balón para encontrar al hombre mejor colocado, muchas veces un pletórico Herreros. En el quinto los de Pepu también plantaron cara, pero como tantas veces en aquella época, el Palau dictó sentencia después de una grandísima serie para los aficionados.

Por la otra parte del cuadro, llegó la rebelión: el Real Madrid de Obradovic, después de caer en semifinales de Copa y de Liga Europea, perdió fuelle hasta el punto de perder en dos partidos en cuartos de final contra el Caja San Fernando sevillano, dirigido por Aleksandar Petrovic, del que hablaremos más adelante. Por su parte, otro de los favoritos, el Unicaja subcampeón el año anterior y tercero en la liga regular, caía frente al campeón de Copa, el brillante TDK Manresa, pese a contar con el factor cancha al igual que los blancos. Ambas sorpresas depararon una semifinal inédita, entre dos equipos con los que no se contaba y que tenían la oportunidad de colarse en una final. Ninguno de los dos quería perder la ocasión y se notó, con tres cambios de liderazgo en el marcador de la serie y con otra victoria sin ventaja de campo: los sevillanos se plantaban por primera vez en su corta historia en la final de la ACB tras vencer en el quinto partido en Manresa, con un estelar Michael Anderson: 20 puntos, 13 asistencias y 9 robos de balón.

Después de unos playoffs llenos de sorpresas y de buen juego, en Sevilla soñaban con tumbar al campeón y con dejarle sin títulos… pero el Barça ya había tenido suficientes sustos contra el Taugrés y el Estudiantes y en la final no estaba dispuesto a que los de Petrovic se les subieran a las barbas. Frente al completo equipo azulgrana, el Caja San Fernando tenía una rotación mucho más reducida: Michael Anderson, Richard Scott y Warren Kidd jugaban todo el tiempo que les permitía la acumulación de faltas, mientras que en los aleros los excelsos tiradores Raúl Pérez y Benito Doblado se repartían los minutos con el intenso Carlos Montes. El base David Solé se quedaba con el tiempo que le dejaba Anderson, que era el jefe absoluto del equipo, mientras que Juan Carlos Barros y Ángel Almeida daban descansos esporádicos a los americanos interiores.

Después de un primer partido donde el Barcelona dominó sin demasiados problemas liderado por Karnisovas, el segundo fue el mejor de la serie, donde los de Petrovic plantaron más cara… pero se encontraron con un Xavi Fernández en estado de gracia: sus 31 puntos con seis triples acabaron con las esperanzas de los andaluces. De nada sirvieron los 31 puntos, 8 asistencias y 4 robos, con 11 faltas recibidas, de Michael Anderson, ni los 20 puntos de Pérez que, sin embargo, no estuvo demasiado acertado desde su distancia favorita (3 de 10 en triples).

El Caja San Fernando afrontaba los partidos de casa con un 2-0 en contra, como el Estudiantes en semifinales. Pero el Barça ya no quería más sustos y, aunque el equipo hispalense llegaba a casa con la ilusión de sumar un punto en el playoff, lo hacía con poca gasolina. Petrovic afrontó el match ball reduciendo su rotación a 7 hombres, y una vez más Anderson hizo de todo jugando los 40 minutos. Pero por parte barcelonista, Xavi Fernández volvió a ser el máximo anotador con 20 puntos para dar la puntilla a un Caja San Fernando que no se rindió, llegando al final con opciones y cediendo por cuatro puntos al final.

El Barcelona repetía título y recuperaba la hegemonía en la Liga ACB de la mano de Aito García Reneses, con lo que compensó sus decepciones en la Copa y en Europa. Era una Liga ACB en la que empezaba a verse en las finales a equipos distintos de los habituales, no sólo en las de Copa sino también imponiéndose en playoffs a cinco partidos a clubes teóricamente superiores. El ejemplo del Unicaja en el 95 seguramente animó a muchos otros, como el Manresa o el Caja San Fernando, de que podían conseguir la gesta. Era un primer paso antes de que alguno de esos equipos menos poderosos pudiese alzar un título de Liga.

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